Febrero 2008


 

¿Un crucifijo sobre un contenedor de reciclaje?
Es la mejor síntesis que he visto de conceptos aparentemente opuestos, como son la resurrección de la carne y la transmigración de las almas.

Y además, esta imagen desdice la teoría de que, en un paseo por Zaragoza, es difícil que te encuentres con algo que merezca la pena reseñar.

(Por supuesto, esta foto también ha ido a parar a Zaragoza Directo ).

Hace años, escribía reseñas literarias en El Periódico de Aragón. Quizá por eso, había quien que a veces me pedía que les recomendase algún libro. Como yo para gustos soy muy peculiar, y esa pregunta me la hacía gente de lo más variopinta, me busqué una respuesta estándar, rápida y satisfactoria. Y el libro que siempre recomendaba –y aún lo hago– es La vida instrucciones de uso, la obra cumbre de Georges Perec, un autor francés nacido en 1936 y muerto en 1982.

Cualquier cosa de las que escribió Perec merece la pena, pero La vida… puede considerarse el compendio de todo su arte. El libro tiene la estructura de historias dentro de historias –algo así como las Mil y Una Noches, y se centra en la descripción de un edficio parisino y de sus habitantes. Así, por sus páginas transitan infinidad de personajes e innumerables situaciones, si bien hay algunos nombres que podrían considerarse como protagonistas. Es el caso de Bartlebooth, obsesionado con los rompecabezas, o de Winckler, el encargado de hacerle los rompecabezas al anterior. Pero mi personaje preferido es Albert Cinoc, un tipo peculiar del que no se sabe ni siquiera como se escribe correctamente su apellido, y cuyo oficio es matapalabras: se dedica a revisar diccionarios para quitar palabras que han quedado obsoletas.

Así, a lo largo de 99 capítulos el lector viaja en el tiempo y en el espacio, reconstruyendo a su vez un gigantesco rompecabezas donde las historias se van encajando en piezas. Un recorrido maravilloso y lleno de amenidad, que mezcla admirablemente el realismo más prosaico con la imaginación más desbordada.

Claro que eso no es todo. El entramado de la novela es un auténtico mecanismo de precisión; bueno, para ser más exactos, un montón de mecanismos que funcionan a la perfección. El propio Perec dio pistas de cómo había urdido la estructura de La vida… Por ejemplo, el plano del edificio descrito se superpone a un cuadrícula de 10×10. A través de los movimientos del caballo de ajedrez se obtiene el orden de los capítulos que sigue la novela. Y el contenido de cada capítulo se genera mediante combinaciones matemáticas de listas que manejaba Perec, en las que se incluían citas literarias, obras de arte, utensilios o prendas de vestir, entre otras cosas. Todo esto está mejor explicado aquí. Pero eso es sólo la punta del iceberg. En La vida…, Perec introdujo todo lo que había puesto en práctica como miembro activo (y muy activo) del Oulipo, pero lo mejor de todo es que no hace falta pescar todas las referencias, juegos de palabras y complejidades narrativas para disfrutar de la novela. Aunque si se atisba algo de esto, pues mucho mejor.

Otras obras de Perec son más exhibicionistas en este retorcimiento literario lúdico. Por ejemplo, La disparition, famosa novela escrita sin la letra ‘e’ (en español se publicó como El secuestro, eliminando la ‘a’; también muy recomendable). Pero La vida instrucciones de uso es para mí uno de esos libros que difícilmente defraudarán a quienes nos piden que les recomendemos algo para leer.

Acabo de poner en YouTube la entrevista que nos hizo Antón Castro a Miguel Serrano Larraz y a mí en el programa Borradores del pasado 7 de febrero.

Como la cosa es un poco larga, he tenido que cortarla en dos trozos. En la primera parte empiezo hablando yo, pero la mayor parte quien interviene es Miguel Serrano. En la segunda soy yo quien más habla, aunque al final también lo hace Miguel Serrano.

He visto que YouTube te da la posibilidad de poner el vídeo en las páginas mediante un copypaste de código. Vamos a ver si funciona aquí:

 

Pues parece que sí que va. Hala pues, pongo el otro:

Qué cosas, la tecnología, ¿verdad? (Por cierto, gracias a César, de La Parabólica, por el apoyo logístico).

Rebuscando hace poco entre mis libros, me encontré con la Guía del Autoestopista Galáctico. Qué buenos recuerdos.

La primera vez que oí hablar de Douglas Adams fue cuando Diario 16 –ojo al tiempo transcurrido– dio por entregas durante un verano Hasta luego, y gracias por el pescado, el cuarto título de esa trilogía compuesta por cinco libros (sic). Inmediatamente me hice con los tres primeros, que devoré entre carcajadas perplejas. La serie completa la forman Guía del Autoestopista Galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el Universo y todo lo demás, Hasta luego, y gracias por el pescado e Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva.
Adams se adelantó muchos años al ambiente friki y geek que hoy prolifera en según que pagos. No me extraña que cuando se publicó (originalmente en 1978, la primera edición en español en el 83. Yo tengo la tercera, del 87; ninguna es la de la imagen, pero no he encontrado otra) llamara tanto la atención.
La Guía del Autoestopista Galáctico mezcla temas típicos de la ciencia ficción (razas alienígenas de distinto pelaje, buenas y malas, inteligentes y tontas; enormes naves espaciales; viajes hiperdimensionales; robots y superordenadores…) con preocupaciones filosóficas (una de ellas, fundamental para la trama, es la respuesta a la vida, el universo y todo lo demás). Pero sobre todo tiene un aderezo de humor británico, vertiente Monty Phyton, que la hace irresistible. Hay quien ha comparado a Douglas Adams con Lewis Carroll, y no está desencaminado, sobre todo cuando fuerza la lógica y las situaciones cotidianas hasta ponerlas completamente del revés.
Sin embargo, en España la serie del Autoestopista Galáctico no ha conseguido triunfar; o por lo menos, no ha tenido el mismo éxito que en el mundo anglosajón, donde es una referencia para mucha gente. Para apuntar sólo una muestra: ¿de dónde viene el nombre de Babelfish , el traductor automático de Altavista? Pues sí, Adams fue quien se inventó un pez que se introducía en el oído, y que servía de traductor para todas las lenguas del universo.
Yo siempre he considerado, además, que Futurama era como un descendiente de la Guía del Autoestopista Galáctico. Por lo menos, un heredero –y del que estar orgulloso, por cierto–. La versión cinematográfica de la Guía, sin embargo, parece que no llegó a calar (en España mejor ni hablar de ello; yo ni siquiera tuve tiempo de ir a verla al cine, porque la quitaron a la semana, o menos).
En la Wikipedia –otro concepto del que seguramente Douglas Adams hubiera sacado buen partido– hay entrada propia para la Guía del Autoestopista Galáctico , así como para su autor.
Creo que me los voy a leer otra vez. Merecen la pena.

 

Pilar Manrique, poeta y sin embargo amiga, ha tenido a bien escribir un comentario sobre mi libro Vísperas de nada. Hago un copypaste:

Vísperas de nada, es un libro de relatos, escrito por el poetal Miguel Ángel Ordovás. Su tono narrativo nos coloca ante imágenes que dada su plasticidad, podrían llegar a formar parte de un cuadro, sin pretender con esta aseveración quitar mérito alguno a estos relatos y microrelatos, con los que el autor nos obsequia desde géneros tan diferentes cómo la sátira, la ciencia ficción, la novela negra, el western o el relato apocaliíptico entre otros. Las situaciones intolerables reflejadas en algunos textos, Miguel ängel las resuelve con una fina ironia, en otros con una sátira burlesca, desdramatizando situaciones y consiguiendo con ello que esbozemos una sonrisa, o al menos nos deja con el deseo de querer hacerlo. El universo de algunos de sus personajes refleja un egocentrismo radical, en una época turbia, que el autor parece conocer a la perfección y de la que no muestra ni el más mínimo deseo de mostrar en su totalidad. El lector debe regirse para ubicarla por la escenografía, el vestuario, los objetos, las luces, los planos y todo aquello que nos hace imaginar en el transcurso de sus narraciones. En ocasiones comienza por hablar de cosas pequeñas que acaban convirtiéndose en grandes, creando una sensación apocalíptica en una atmósfera que agobia y angustia utilizando con acierto la deconstrucción y reescribe personajes construyendo nuevamente, la muerte del padre. A pesar de que los relatos han sido escritos, según el autor, durante un largo espacio de tiempo, y que como nos contó en la presentación del libro, fueron seleccionados sin otro criterio que la calidad, todos ellos mantienen un tono que les imprime personalidad para poder formar un conjunto en la obra que los reune. Yo diría que Miguel Angel es un autor con un un estilo perfectamente definido, a pesar de los géneros en los que se manifieste. Podría hablar de dicotomía o esquizofrenia en un poeta que se desmarca de la poesía totalmente para escribir sus relatos, pero seria desconocer que la genialidad anda muy cerca de aquellos que lo consiguen. Como curiosidad puedo añadir que las chicas rubias y los asesinatos son algo que aparece con frecuencia en ese libro, a mi parecer magnífico.

Me he permitido esta pequeña crítica del libro de Miguel Angel Ordovás por su interés en conocer lo que los lectores opinamos sobre su obra, espero que os animeis a publicar vuestras impresiones sobre otros autores. Pilar

 

Aunque quizá lo mejor sea leerlo en el sitio original, el blog de Queriman (también está aquí). Seguro que además agradecen comentarios.

La profesión de periodista sigue estando muy idealizada; sobre todo, desde fuera del propio mundo de los medios. Por ello, resulta bastante aleccionadora esta página web, periodistacabreado.com, que ofrece la posibilidad de que quienes trabajan en el ramo puedan quejarse de las condiciones de trabajo, de los compañeros o de lo que sea, siempre que tenga que ver con su condición de periodista. Como bien explican en la propia página, periodistacabreado.com es una adaptación al español de angryjournalist.com, lo que viene a demostrar que en todas partes cuecen habas.

Yo creo que esta página cumple una doble función: por un lado, sirve para que los periodistas suelten parte de la bilis que se suele criar con este trabajo; y por otro, contribuye a desenfocar (desenfoque gaussiano) el glamour que para bastante gente tiene lo del periodismo.

¡Ay, José Coronado, Álex Angulo y compañía! ¡Cuánto daño provocado sin quererlo!

(Esta página la encontré a través de la bitácora de Fernando Tricas Reflexiones e irreflexiones).

La semana pasada estuve en un programa cultureta de televisión para hablar de mi libro Vísperas de nada. Allí coincidí con otro escritor en similar tesitura que la mía, Miguel Serrano Larraz, que venía con su novela Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano, editado por Eclipsados -da gusto que haya editoriales así, que te admitan un título tan poco comercial como ése-. Nos intercambiamos los libros, y este fin de semana me he leído el suyo.

En la contraportada se cita a La conjura de los necios, El guardián entre el centeno e incluso el Tristam Tristram Shandy, lo cual puede dar una idea de por dónde va el libro.

A mí me ha parecido un libro muy entretenido, que se lee rápido -cada vez valoro más la concisión en literatura-, y que tiene más mala uva de lo que en un principio me parecía.

El protagonista es un tipo que quiere ser escritor, pero que yerra un tanto en sus aspiraciones. Como otros muchos aspirantes a literatos cree que todo el monte es orégano, y se da de bruces contra la cruda realidad sin ni siquiera darse cuenta del ridículo que está haciendo.

Además, la novela está ambientada en el propio escenario literario aragonés actual, con sus personajes archisabidos para cualquiera que lo haya transitado. A veces con nombre y apellido, caso de Javier Tomeo o Juan Bolea, a veces solamente aludidos, pero bien reconocibles, caso de los cuatrillizos -un poeta, un cantautor, un político y un presentador de programas de TV- unidos en un solo avatar.

 Miguel Serrano había ya ganado el premio Delegación del Gobierno con un libro de poesía, La sección rítmica, y también ha salido en una antología hecha por Manuel Vilas en la revista Criaturas Saturnianas, hace bien poquico.