Abril 2008


A falta de acumular ganas para ponerme a leer algún libro gordo que tengo por ahí a la espera, últimamente me he dedicado a ponerme al día en algunos tebeos que tenía pendientes. Y eso que no son una lectura ligerita. Se trata nada menos que de La cosa del pantano, en la edición que está sacando ahora Planeta. Es decir, la etapa en que su guionista fue Alan Moore.

Estas historias aparecieron originalmente entre 1983 y 1987. En España no tardaron en publicarse –lo hizo Zinco–, y yo recuerdo que en su momento me empecé a hacer la colección, aunque la dejé poco después, debido a mi poca autonomía económica de entonces. Desde luego, no fue porque las historias fueran malas. Como ya es notorio y sabido, La cosa del pantano fue la primera obra con la que Moore puso patas arriba los comics en los años 80 –antes ya había hecho V de Vendetta, y poco después comenzaría Watchmen–. Cogió una serie que parecía abocada a la cancelación y le dio un nuevo enfoque, reinventándose el personaje e introduciendo su forma de contar historias, que en esos momentos era bastante novedosa: preocupación por los detalles más nimios –son legendarios los guiones detallados que daba a sus dibujantes–, sólida estructura narrativa y un cierto tono literario, entonces inusitado.

La etapa Moore fue del número 21 al 64 de la colección estadounidense, como bien delimitan en esta página. A lo largo de estas entregas, el guionista desarrolló varios arcos argumentales, en los que mezcló el lirismo poético de la historia de amor entre una mujer y un vegetal (que eso es al fin y al cabo la Cosa del Pantano) con las amenazas satánicas, viajes al infierno al estilo dantesco e incluso algún delirio metafísico que otro. Pero sobre todo, impregnó la serie de un terror muy inquietante, en el que tuvo también mucho que ver la buena labor de los ilustradores. Sobre todo, de la pareja oficial de ilustradores, John Totleben y Stephen Bissette, con un trazo que recuerda al de dibujantes clásicos de la EC como Graham Ingels, un maestro de los comics de terror. Aquí pongo un par de ejemplos de su trabajo que, por cierto, parece que está en venta en esta página:

Planeta comenzó sacando esta serie mensualmente en cuadernillos que recogían dos números de la edición original, pero a partir del número 14 se han acelerado, y ahora sacan tomos más gordos, con ocho números en cada uno. Además, lo editan en color, no como lo hizo Norma, hace unos cuantos años. De hecho, hay quien dice que en blanco y negro los dibujos de Totleben y Bissette se aprecian mejor. Pero eso a mí siempre me han parecido excusicas de mal pagador.

Hace un año más o menos me empecé a leer El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon. El otro día, por fin me lo acabé. Claro que durante todo este tiempo me he ido leyendo otras cosas, pero en fin, el dato en sí me parece significativo.

 La pregunta que me hago después de semejante lectura es: ¿realmente merece la pena invertir tanto tiempo para leerse este libro? El mero planteamiento de la pregunta ya lleva consigo una respuesta o, como diría Antonio Banderas, los que necesiten más tiempo ya han contestado.

A El arco iris de gravedad le pasa como a otras obras artísticas (no sólo literarias); el concepto está muy bien cuando te lo cuentan, pero tener que asimilarlo entero ya no resulta tan chulo. En este caso concreto no faltan los alicientes. La historia abarca temas tan variopintos como el género bélico (está ambientada en la Segunda Guerra Mundial), el espionaje, el desarrollo de los cohetes V2 por parte de los nazis (de ahí viene el título, uno de los grandes hallazgos de Pynchon), fisiología, psicología, reflejos condicionados, ciencia ficción, escatología, esoterismo… esto sin olvidar otro de los grandes temas de Pynchon, las conspiranoias.

A todo esto se suma el atractivo que despierta la figura de Pynchon, un autor tan celoso de su intimidad que deja a Salinger como un exhibicionista sin pudor. Este secretismo incluso de qué aspecto tiene Pynchon ha sido celebrado por mucha gente, incluso por Matt Groening en Los Simpsons, donde el autor de El arco iris de gravedad ha salido convenientemente enmascarado. La idea de un autor que desaparece en beneficio de su obra sin duda resulta atrayente para muchos lectores, que se animan a la lectura de sus libros en busca de algún arcano.

Lo que sucede es que el autor introduce en El arco iris de gravedad cientos de personajes sin aparente orden –de hecho, el protagonista desaparece bastante antes de que termine la novela–, y ese desorden se hace extensivo al desarrollo de la acción, que mezcla perspectivas, puntos de vista, tiempos verbales y demás. Teniendo en cuenta que es un libro de más de 1.100 páginas (por lo menos, la edición que yo me he leído), esto se hace a veces un poco abrumador. De hecho, yo he podido seguir el hilo gracias a una guía de lectura que encontré en internet, cuyo título ya es suficientemente elocuente: Algunas cosas que “pasan” (más o menos) en El arco iris de gravedad (está en inglés, pero fue lo mejor que pude encontrar). Por cierto, esto es también representativo de la cantidad de literatura sobre la novela que puede encontrarse por ahí. En español la cosa no está tan fácil, aunque también puede encontrarse algo.

Hace ya unos cuantos días, Fernando Tricas me incluyó junto a otras dos personas en un meme. A pesar de que, por lo visto, ninguno de los tres le hicimos ni puto caso contestamos, o quizás precisamente por eso, Tricas ha vuelto a la carga con otro meme: ¿Cuáles son tus medios online de comunicación preferidos? A éste voy a contestar un poco por vergüenza torera, aunque tampoco tengo muy clara la respuesta.

Estando como estoy en un periódico, creo que tengo acceso más fácil a información que otra gente (por ejemplo, a través de los teletipos), así que no suelo transitar mucho las versiones online de la prensa para enterarme de qué es lo que pasa. Pero hay una web que tengo en favoritos, la del 20 minutos, más que nada por sus impresionantes titulares (por ejemplo, mientras ahora escribo esto, uno de los destacados es Fallece el panadero de Barrio Sésamo), y por los comentarios que deja el personal, y que suelen poner de vuelta y media al propio medio.

Por lo que respecta a fuentes de información que no provienen de medios tradicionales, tampoco tengo nada excepcionalmente novedoso. Suelo pasarme por Zaragózame, y ahora habrá que ver lo que da de sí Aragonaméame, que echó a andar hace poquico. También sigo guardando el enlace al Planeta Aragón de Blogdigger, no tanto por su agilidad para actualizarse, sino porque me sirve de referencia a otros blogs. Pero en general, ni uso RSS ni ninguna cosa de ésas. Como mucho, la página personalizada de Google, en la que tengo accesos varios a cosas de ciencia y tecnología, a la Wikipedia, al Buscón de la RAE, a Microsiervos y tres o cuatro cosicas más. ¡Ah!, y también a Zaragoza Directo, un proyecto al que le tengo bastante cariño, sobre todo porque estuve durante su gestación y lanzamiento.

Y eso es todo. Lo que no voy a hacer es mandarle el meme a otra gente, más que nada porque mi blogagenda es más bien reducida (por no decir nula).

El otro día le hice una entrevista a Wicho, de Microsiervos, que publiqué en el I+DEAR del jueves pasado. Le mandé un PDF, y hoy lo menciona en su página.

Además, también ha puesto el PDF en la red, lo cual viene muy bien porque esta semana hemos tenido algún que otro problema con la versión web del suplemento. Así que quien quiera leerse la entrevista, puede ir aquí.

¿Qué sucede si se mezcla a Berlanga con Max Fleischer?

¡Pues una Betty Boop de tamaño natural, claro!

Desde hace unos días está funcionando aragoneame.com, un proyecto desarrollado por dos blogueros aragoneses de largo recorrido: Jorge Romance y Daniel Torres Burriel.

Como ellos mismos explican, Aragonéame es

un agregador social de noticias en el que los usarios envían las historias que les parecen relevantes y los demás usuarios las votan, configurando una portada elegida por los propios usuarios.

Es decir, algo similar a lo que hace meneame.net, que a su vez toma la idea de digg.com. La diferencia está en que el contenido de las noticias agregadas tiene tema aragonés. De hecho, además de las categorías habituales en este tipo de sitios (cultura, sociedad, tecnología, etc), han incluido otras para las comarcas de Aragón.

Como todos estos proyectos en plan Web 2.0, Aragonéame necesitará de una masa crítica suficiente para que empiece a chutar bien. Por ahora están en fase de beta,  y animan a todos los que quieran participar a que lo hagan. De hecho, ya está en marcha un canal de Twitter para ello.

En sí la idea no está mal, aunque no falta la gente que advierta de posibles peligros de estas páginas que construyen los propios usuarios. Pero bueno, tampoco hay que tomar las cosas por lo negativo, aunque el pesimismo sea un característico rasgo aragonés.

Esta semana le dieron a Bob Dylan un premio Pulitzer. Bueno…

También la semana pasada nombraron a Curro Romero académico de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla. Y seguro que cuando Dylan se retire no tendrá seguidores tan fieles como los que tiene Curro. Sólo hay que ver esta imagen que pillé hace poco en un establecimiento zaragozano:

(Bueno, para qué voy a ocultarlo. Esto lo vi en Casa Pascualillo, en el Tubo.)

Hace unos días, hablaba de que tenía pendiente la segunda temporada de la serie Roma, que Cuatro emitió de manera intensiva durante la pasada Semana Santa. Bueno, pues ya me la he visto. Y aunque dije que no diría cómo termina, lo voy a hacer: al final, mueren Marco Antonio y Cleopatra.

Los guionistas se tomaron alguna licencia para contar la historia, que quedó más parecida a Romeo y Julieta que a lo que realmente pasó, según cuentan los historiadores. Pero la egiptización de Antonio y sus chicos en Alejandría les quedó muy, pero que muy aparente.

De hecho, el fatal destino de los dos amantes me hizo recordar ese famoso poema de Kavafis, “El dios abandona a Antonio”, que tan bien refleja la situación de un Marco Antonio que, desde lo alto de su gloria a punto de derrumbarse, afronta el que va a ser su final (además, uno de sus versos dio título a una conocida novela de Terenci Moix, tan romano él). Vamos con el poema:

 

El Dios Abandona a Antonio

Cuando de pronto a medianoche, se oiga
un cortejo invisible que circula
con música excelsa, con clamores
de tu destino que se entrega, de tus obras
que fracasaron, de los proyectos de tu vida
que tan mal te salieron, no te lamentes en vano.
Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente
díle adiós a ella, a la Alejandría que se va.
Y sobre todo no te engañes, no digas
que fue un sueño, que fue un error de tu oído;
nunca aceptes tan vanas esperanzas.
Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente
acércate con entereza a la ventana,
y oye con emoción, pero no
con súplicas y quejas de cobarde,
como un último goce los acordes,
los excelsos instrumentos del misterioso cortejo,
y dile adiós a ella, a la Alejandría que tú pierdes.

 

Todos sabemos que el término Bluetooth viene de un antiguo caudillo escandinavo que bla bla bla bla

 

Aun así, cuando esta tarde estaba haciendo un poco de limpieza en mi ordenador, no he podido por menos que sorprenderme ante este mensaje, con una traducción tan literal.

He tenido un empiece de mes de lo más estimulante: el jueves tuve ocasión de conocer a uno de los responsables de la página web Microsiervos , Wicho , que vino a Zaragoza para participar en unas jornadas sobre comercio electrónico que hacían en el CPS. Yo estaba entusiasmado, porque es un sitio que frecuento asiduamente, y que casi nunca defrauda. Sin embargo, para mis compañeros de trabajo no debía ser algo personalmente exaltante, porque cuando se lo conté, no pasaron de la indiferencia educada. En fin, cuestión de prioridades.
Claro, que la repercusión de Wicho empalidece al lado del personaje con el que estuve por la tarde del mismo jueves: Carles Lalueza Fox, un investigador que se dedica a la paleogenómica –un término que, según me dijo, había inventado él mismo– y a reconstruir el genoma de los neardentales neandertales. A mí el tema me parece muy interesante, pero me dio la impresión de que entre mis colegas, no da ni para conversación en la máquina de cafés. Lo dicho, cuestión de prioridades.
Sin embargo, son días como éstos los que a mí me hacen disfrutar de mi trabajo.