Octubre 2008


En algún lugar he visto, oído o leído una de esas listas a las que la gente es tan proclive. Esta vez, aprovechando la proximidad de Halloween –o Todos los Santos, como se prefiera–, se hacía relación de las películas de miedo que dan más miedo. Y resulta que la primera era El exorcista. Lo cual puede sorprender, teniendo en cuenta que el de terror ha sido un género generoso para el cine.

En mi caso concreto, yo tardé mucho tiempo en ver esa película, y no porque no me atreviera. Así que la versión que vi fue la de montaje del director. Como no había visto la versión montaje de otro que no es el director, tampoco pude apreciar las diferencias, pero haberlas haylas (véase, por ejemplo, este completo estudio de la película, donde se citan).

Aun así, El exorcista es un buen ejemplo de cómo se puede hacer una película de miedo sin que abunden los sustos; de hecho, en estos momentos yo sólo me acuerdo de uno, cuando de pronto llaman al padre Karras por teléfono, y se asusta hasta él. Y es que la peli explota otros recursos distintos del sobresalto. Por ejemplo, la atmósfera gris de toda la película, que le quita la vocación hasta al cura más fundamentalista; o la presencia de Max Von Sydow, que cuando está ejerciendo de exorcista parece talmente de una película de Dreyer (más que de Bergman).

Pero lo que a mí más me estremeció es cuando la niña Regan (por cierto, oportuno nombre para un personaje endemoniado) interrumpe el sarao que tiene lugar en casa de su madre –y que parece la fiesta de fin de año de Popular TV– y le dice a uno de los invitados, que es astronauta: “Usted morirá en el espacio”. Lo que da miedo es que, luego, ese hilo ya no vuelve a salir en toda la película, y uno se queda con la incertidumbre de qué pasará.

Por cierto, que uno de mis mitos culturales se vino abajo cuando oí en su contexto la frase que dice la chica poseída: resulta que dice “¿Has visto lo que hace la cochina de tu hija?”, y yo siempre había creído que era “¿Has visto lo que hace la guarra de tu hija?”. La verdad es que esta última forma me parece bastante mejor; aunque sólo sea porque forma un perfecto alejandrino.

Hace unos días hablé por aquí de Raymond Queneau y su obra Cent Mille Milliards de Poèmes, interesante combinación de poesía y combinatoria. Motivado por un atinado comentario de A. Bettik, paso a hacer unas cuantas precisiones numéricas.

Efectivamente, los poemas prometidos por Queneau no son cien mil millones, sino cien mil millardos, o sea, unos pocos más, ya que un millardo, según el Diccionario de la Real Academia Española, son mil millones. Para hacerlo más gráfico:

Cien mil millones de poemas  -     100.000.000.000
Cien mil millardos de poemas - 100.000.000.000.000

Son muchos, ¿verdad? Tal vez demasiados; porque resulta que en 1980, el matemático y escritor Luc Etienne se dio cuenta de que la palabra ‘marchandise’ aparecía a final de verso en el soneto 3 (verso 7) y el soneto 10 (verso 5). Eso significaba que podía salir simultáneamente en alguna de las combinaciones, con lo que el texto resultante no cumpliría con las reglas de la prosodia clásica, y no podría ser considerado un soneto. De este modo, en vez de los 100.000.000.000.000 sonetos que aseguraba Queneau en el título, solamente pueden producirse 99.000.000.000.000 verdaderos sonetos. Una auténtica pena.

Por cierto, durante estos días encontré por ahí otra página web en la que se pueden ensayar las combinaciones propuestas por Queneau, y que además tiene un diseño muy elegante, demostrando que con Flash se pueden hacer cosas chulas, y no es sólo una pesadilla para ralentizar las cargas. Dejo como ilustración uno de los sonetos no válidos que se le pasaron a Queneau, pero no a Etienne (quien, por cierto, también formó parte del Oulipo. Si es que, de casa vendrán que te…).

En la entrada anterior hablaba de Proyectaragon, y de mi participación en esta muestra audiovisual aragonesa. Por supuesto, la presentación del ciclo del martes no se limitó a ver cortos, sino que también hubo el correspondiente ágape. Y ahí que fui, sorprendiendo a propios y extraños con mi habilidad para pescar croquetas al vuelo.

Hoy en El Periódico de Aragón ha salido la crónica social del acto, y en una de las fotos que la ilustran he salido retratado junto a Pilar Manrique, compañera de fatigas literarias en la Asociación Cultural Tresversos, y a su hermana Sagrario, que también es escritora. Tal que así ha quedado reflejada la cosa gráficamente:

Cineastas, de garito en garito ( El Periódico de Aragón – 23/10/2008 )

Ya se pone en marcha de nuevo Proyectaragon, Muestra Audiovisual Aragonesa que el año pasado celebró su primera edición.  De aquí a finales de año, habrá varios pases en Graus, Andorra y (sobre todo) en Zaragoza, a través de los cuales se quiere hacer una panorámica muy diversa de creaciones y creadores audiovisuales de Aragón. En el blog que han montado sus organizadores puede verse la programación de cada sesión, pero para efectos lúdico/festivos, quede constancia de que la cosa empieza el 21 de octubre, a partir de las 19.30, en el Salón de Actos CAI del Paseo Independencia, y que luego habrá sarao en Bodegas Almau, a eso de las 21.30.

Y resulta que yo este año también estoy convocado, con dos partes del audiovisual sobre el barrio de Las Delicias que preparé para la Expo, y del que ya di cuenta en otra ciberparte de este blog. Será el martes 2 de diciembre, también en el Salón de Actos CAI del Paseo Independencia, y también a las 19.30. Estoy programado en una sesión sobre Documental, Vídeo danza, Poesía visual y Vídeo creación junto al Grupo Alexander Sebastian, Paco García Barcos, Don Nadie, Daniel Rabanaque y Zombra, Marco Dugnani, Míriam Reyes, Yago de Mateo y Clemente Calvo. Supongo que lo mío es poesía visual, aunque tampoco lo tengo yo muy claro.

Mucha gente habrá oído hablar de Raymond Queneau y del Oulipo. Y si no, éste es un buen momento para conocerlos a ambos.

Bien, pues una de las obras oulipianas más conocidas de Queneau es Cent Mille Milliards de Poèmes, un conjunto de sonetos cuyos versos pueden combinarse unos con otros, dando así la posibilidad de componer los cien mil millones a los que alude el título.

En su edición original en papel, Queneau dispuso un sistema de lengüetas para hacer la labor combinatoria. Pero ¡ah!, una vez más las nuevas tecnologías salen al encuentro de la literatura, y he encontrado por ahí un par de páginas en donde poder armar los sonetos de forma digital, y con mayor facilidad para quien quiera trastear con ello.

Una está aquí, con una apariencia no demasiado amigable para el usuario. Presenta el aliciente de que tiene anotaciones. Va una imagen:

La otra es más sencilla de usar: simplemente metes un número (no negativo, ya lo advierten) menor que 100.000.000.000, y la página te genera uno de los sonetos. Incluso para los que no tienen imaginación suficiente para poner un número, hay una opción de “Random”, y presenta un poema al azar. Además, esta segunda página tiene el mérito añadido de que los versos están traducidos al inglés, lo cual supone una doble dificultad para casar rimas, métrica y sentido. Aquí copypasteo un ejemplo. Es el soneto 53808160365994:

He bent right down to pick up his valise
For tea cucumber sandwiches a scone
The showman gargles fire and sword with ease
That suede ferments is not at all well known
The roundabout eats profits made on swings
The North Wind bites into his architrave
The fertile mother changelings drop like kings
As sleeping-bags the silent landscape pave
The fasting fakir doesn’t smell the less
With quill white-collared through his life will jog
Watching manure and compost coalesce
We’ll suffocate before the epilogue
Poor reader smile before your lips go numb
In cognac brandy is Bacardi rum?

Matemáticos y poetas ya tienen entretenimiento para un ratillo…

Ahora que se van acercando las elecciones presidenciales estadounidenses recuerdo este vídeo, realmente impagable, de George Bush interpretando el Sunday Bloody Sunday de U2.

(Que, por otro lado, es otra buena demostración de que en el mundo hay gente que tiene muuuucho tiempo libre para hacer cosicas de éstas).