Mayo 2009


Ayer publiqué en El Periódico de Aragón el comentario al volumen de Todos los cuentos de Manuel Derqui, que salió hace poco en la Colección Larumbe de Textos Aragoneses.

No recuerdo muy bien cómo llegué hasta la obra de Derqui. En algún sitio leí algo, sobre él y me compré la antología de cuentos que Cándido Pérez Gállego le sacó en la Colección Aragón, que supongo que aún podrá encontrarse por ahí de saldo. En varios sitios oí sobre Meterra, la única novela publicada por Derqui, y que adquiría tintes de casi legendaria conforme más la oía citar. Hasta que, durante la primera Feria del Libro Viejo de Zaragoza, la vi entre los libros de una caseta. Me la compré y la leí casi inmediatamente. Es una novela inusual, con algunos trozos que me recordaron a Larva, de Julián Ríos (luego supe que el profesor José Luis Calvo Carilla lo había dicho en un artículo sobre Derqui). En todo caso, merece la pena echarle un ojo. Sin embargo, a estas alturas no es fácil encontrarla, ya que se publicó en 1974, y no ha vuelto a reeditarse. Algo de eso señalaba en mi comentario de El Periódico, que copio aquí:

Un paso más para la justa recuperación de la obra de Manuel Derqui

derquiManuel Derqui (1921-1973) fue un escritor que no tuvo suerte ni siquiera para ser desconocido. No puede decirse que fuera un autor marginal o maldito, ya que en vida publicó un buen número de artículos y relatos, en revistas y periódicos locales sobre todo. Y también formó parte de interesantes iniciativas culturales, como la revista Ansí. Sin embargo, su integración en el canon de la literatura contemporánea en Aragón (el canoncico, podría llamársele) se ha quedado siempre a medias. El ejemplo más claro de ello es su novela Meterra, mucho más citada que leída, y que todavía está esperando una reedición desde que Planeta la publicara en 1974. Ahora, la justa recuperación de Derqui da un paso más, con la edición de Todos los cuentos del autor que ha publicado la Colección Larumbe de textos aragoneses.

Pero hasta esta aparición se ha contagiado de las paradojas que rodean a Derqui: se agradece la posibilidad de contar con la obra corta del autor, aunque por otro lado la excesiva prolijidad del tomo puede abrumar a cualquiera. Por ello, tal vez la mejor forma de abordar sus más de 700 páginas es dejarse guiar por la curiosidad de cada cual, comenzando primero por los relatos que ya habían sido publicados, y dejando para lecturas posteriores los que habían permanecido inéditos. De esta forma, la incursión en el universo narrativo de Derqui puede ofrecer más de una satisfacción al lector, que encontrará a un escritor de una potencia estilística sorprendente, aunque más basada en la solidez que en la espectacularidad. No en vano, Derqui nunca ocultó su gusto por Kafka, que sumado a otras influencias de la narrativa más innovadora de su momento (Joyce, Faulkner, los existencialistas más legibles) hacen del volumen una buena excusa para comenzar a conocer a un autor que permanece todavía en espera.

También puede leerse en la página web de El Periódico, en esta dirección: Un paso más para la justa recuperación de la obra de Manuel Derqui ( El Periódico de Aragón – 28/05/2009 ).

Ayer volví a mis antiguos vicios, y publiqué en El Periódico de Aragón el comentario de un libro. Se trata de El pájaro y la piedra, de Mariano Castro, que ha publicado Prensas Universitarias de Zaragoza. Alguna vez he comentado que últimamente apenas leo poesía, porque lo poco que veo por ahí no me llama nada la atención. Sin embargo, este libro me pareció realmente bueno desde el primer verso.

Para evitar posibles suspicacias, seré el primero en advertir que conozco a Mariano Castro desde hace unos cuantos años y que, aunque nos vemos poco, lo considero un amigo. Pero esta circunstancia no ha influido en mi lectura, ni en lo que he dejado dicho en mi comentario, que copio a continuación:

Mariano CastroCuando Mariano Castro escribe “He visto una luciérnaga; quiero decir, solo su luz”, está exponiendo prácticamente entera una poética. Si no de toda su poesía, por lo menos sí de El pájaro y la piedra, el libro que recientemente ha publicado con Prensas Universitarias de Zaragoza. En este único verso que forma el poema aparecen los elementos que recorren todas las páginas del libro: la visión de la luciérnaga, o sea, de la naturaleza viva; la luz, que sirve para que los ojos (otro elemento constante en el libro) puedan certificar la existencia de esa realidad; y ese quiero decir con el que el poeta demuestra su anhelo de decir el origen secreto de las palabras, pero también su dificultad para conseguirlo.

Mariano Castro es un poeta muy consciente del valor que tiene la palabra, y no está dispuesto a malbaratarla. “En el borde preciso de la palabra suena el eco del pensamiento”, dice otro de los versos de este libro, también muy revelador. Como lo son los nombres que aparecen acompañando algunos poemas: José Ángel Valente, Salvatore Quasimodo, San Juan de la Cruz, René Char o Edmond Jabès, autores todos ellos que plantearon, cada uno a su manera, tentativas de solución a ese querer decir. Como uno más de ellos, Mariano Castro construye poemas en donde las palabras iluminadas quieren contener el mundo: “El hombre contempla las estrellas; / el poeta las cuenta como sílabas de un verso”.

Y si el título del libro evoca a ese otro perseguidor de la totalidad que fue Juan Ramón Jiménez, su contenido también puede hacer pensar en ese nombre de las cosas que el de Moguer le reclamaba a la inteligencia. En los depurados poemas de este libro, Castro se acerca a esa condición deslumbrada y deslumbrante del poeta que mira a la palabra sabiendo que, en ocasiones, sí es oro todo lo que reluce.

También dejo aquí el enlace para quien quiera leerlo en la página web de El Periódico de Aragón: La palabra atravesada por la luz de los versos de Mariano Castro ( El Periódico de Aragón – 14/05/2009 ).

De vez en cuando, me entran ganas de escuchar a Jonathan Richman. Es un músico al que siempre vuelvo, y que nunca ha dejado de gustarme, a pesar de su tremenda peculiaridad.

jrRichman puede gustarte o no, pero es un tipo que difícilmente cae mal. Es curioso que este hombre, que casi siempre emana un aura de beatitud empanada, se inspirase en sus comienzos en la Velvet Underground, que de radiantes tenían bien poco. Y sin embargo, si se oyen sus primeros trabajos con su grupo The Modern Lovers, sí que se adivina esa influencia velvetiana. Claro que mientras que John Cale y Lou Reed parecían agujeros negros, Richman era un sol, en todos los aspectos.

Musicalmente, Richman es un perfecto ejemplo de minimalismo bien entendido. Dejando aparte su primera etapa con los Modern Lovers, gran parte de su carrera en solitario se basa en su voz nasal y de acento bostoniano más su prodigioso arte para combinar dos o tres acordes en su guitarra. Esta esencialidad no le ha hecho esquivar los más variados géneros, que quedan siempre impregnados de un aroma Richman. Es algo similar a lo que pasaba con Thelonious Monk, que convertía cualquier estándar en música de Monk; pues cualquier canción que pasa por las manos de Jonathan Richman se convierte en una canción de Jonathan Richman. Y eso sin mencionar sus excursiones por otras lenguas: hace falta tener mucha presencia de ánimo para atreverse a cantar en español como Richman lo ha hecho en unos cuantos discos. Pero ahí están esas interpretaciones, con una pronunciación, sintaxis y uso léxico que quedan totalmente coherentes en el contexto.

Curiosamente, yo tenía bastante escuchado a Jonathan Richman, pero apenas lo había visto en acción (creo recordar que dio un concierto en Zaragoza hace muuuucho tiempo). Y no se me había ocurrido que en YouTube seguramente tendría muestras de sus actuaciones. Como así es. Así que, sin más dilación, pongo alguna muestra de que este tío es un auténtico genio. Primero, una canción de cuando llevó a los Modern Lovers hacia el terreno en el que luego se adentraría en solitario. La canción se llama “New England”:

Y luego, de su etapa en solitario, es casi obligatorio contar con “I was dancing in the lesbian bar”, una canción que con un título así ya avisa de que no puede dejar indiferente a nadie. Tiene una letra absolutamente brillante (aquí, por ejemplo, puede leerse); y resulta maravilloso cómo de una manera tan sencilla puede construirse una canción que podría competir con cualquier clásico de la musica disco. Si a esto se le añade el desparpajo de Jonathan Richman en el escenario, el resultado tiene que quedar muy cerca de la genialidad. En YouTube hay varias muestras de ello. Esta es sólo una de ellas:

En fin, tal vez a alguien le haya picado la curiosidad por escuchar a Jonathan Richman. Como es un músico que ha transitado por multitud de estilos, resultan útiles algunas antologías, en donde se puede encontrar lo mejor de su ya larga carrera, tanto con los Modern Lovers como en solitario.