Ayer publiqué en El Periódico de Aragón el comentario al volumen de Todos los cuentos de Manuel Derqui, que salió hace poco en la Colección Larumbe de Textos Aragoneses.
No recuerdo muy bien cómo llegué hasta la obra de Derqui. En algún sitio leí algo, sobre él y me compré la antología de cuentos que Cándido Pérez Gállego le sacó en la Colección Aragón, que supongo que aún podrá encontrarse por ahí de saldo. En varios sitios oí sobre Meterra, la única novela publicada por Derqui, y que adquiría tintes de casi legendaria conforme más la oía citar. Hasta que, durante la primera Feria del Libro Viejo de Zaragoza, la vi entre los libros de una caseta. Me la compré y la leí casi inmediatamente. Es una novela inusual, con algunos trozos que me recordaron a Larva, de Julián Ríos (luego supe que el profesor José Luis Calvo Carilla lo había dicho en un artículo sobre Derqui). En todo caso, merece la pena echarle un ojo. Sin embargo, a estas alturas no es fácil encontrarla, ya que se publicó en 1974, y no ha vuelto a reeditarse. Algo de eso señalaba en mi comentario de El Periódico, que copio aquí:
Un paso más para la justa recuperación de la obra de Manuel Derqui
Manuel Derqui (1921-1973) fue un escritor que no tuvo suerte ni siquiera para ser desconocido. No puede decirse que fuera un autor marginal o maldito, ya que en vida publicó un buen número de artículos y relatos, en revistas y periódicos locales sobre todo. Y también formó parte de interesantes iniciativas culturales, como la revista Ansí. Sin embargo, su integración en el canon de la literatura contemporánea en Aragón (el canoncico, podría llamársele) se ha quedado siempre a medias. El ejemplo más claro de ello es su novela Meterra, mucho más citada que leída, y que todavía está esperando una reedición desde que Planeta la publicara en 1974. Ahora, la justa recuperación de Derqui da un paso más, con la edición de Todos los cuentos del autor que ha publicado la Colección Larumbe de textos aragoneses.
Pero hasta esta aparición se ha contagiado de las paradojas que rodean a Derqui: se agradece la posibilidad de contar con la obra corta del autor, aunque por otro lado la excesiva prolijidad del tomo puede abrumar a cualquiera. Por ello, tal vez la mejor forma de abordar sus más de 700 páginas es dejarse guiar por la curiosidad de cada cual, comenzando primero por los relatos que ya habían sido publicados, y dejando para lecturas posteriores los que habían permanecido inéditos. De esta forma, la incursión en el universo narrativo de Derqui puede ofrecer más de una satisfacción al lector, que encontrará a un escritor de una potencia estilística sorprendente, aunque más basada en la solidez que en la espectacularidad. No en vano, Derqui nunca ocultó su gusto por Kafka, que sumado a otras influencias de la narrativa más innovadora de su momento (Joyce, Faulkner, los existencialistas más legibles) hacen del volumen una buena excusa para comenzar a conocer a un autor que permanece todavía en espera.
También puede leerse en la página web de El Periódico, en esta dirección: Un paso más para la justa recuperación de la obra de Manuel Derqui ( El Periódico de Aragón – 28/05/2009 ).
Manuel Derqui (1921-1973) fue un escritor que no tuvo suerte ni siquiera para ser desconocido. No puede decirse que fuera un autor marginal o maldito, ya que en vida publicó un buen número de artículos y relatos, en revistas y periódicos locales sobre todo. Y también formó parte de interesantes iniciativas culturales, como la revista Ansí. Sin embargo, su integración en el canon de la literatura contemporánea en Aragón (el canoncico, podría llamársele) se ha quedado siempre a medias. El ejemplo más claro de ello es su novela Meterra, mucho más citada que leída, y que todavía está esperando una reedición desde que Planeta la publicara en 1974. Ahora, la justa recuperación de Derqui da un paso más, con la edición de Todos los cuentos del autor que ha publicado la Colección Larumbe de textos aragoneses.
Cuando Mariano Castro escribe “He visto una luciérnaga; quiero decir, solo su luz”, está exponiendo prácticamente entera una poética. Si no de toda su poesía, por lo menos sí de El pájaro y la piedra, el libro que recientemente ha publicado con Prensas Universitarias de Zaragoza. En este único verso que forma el poema aparecen los elementos que recorren todas las páginas del libro: la visión de la luciérnaga, o sea, de la naturaleza viva; la luz, que sirve para que los ojos (otro elemento constante en el libro) puedan certificar la existencia de esa realidad; y ese quiero decir con el que el poeta demuestra su anhelo de decir el origen secreto de las palabras, pero también su dificultad para conseguirlo.
Richman puede gustarte o no, pero es un tipo que difícilmente cae mal. Es curioso que este hombre, que casi siempre emana un aura de beatitud empanada, se inspirase en sus comienzos en la Velvet Underground, que de radiantes tenían bien poco. Y sin embargo, si se oyen sus primeros trabajos con su grupo The Modern Lovers, sí que se adivina esa influencia velvetiana. Claro que mientras que John Cale y Lou Reed parecían agujeros negros, Richman era un sol, en todos los aspectos.