Ayer volví a mis antiguos vicios, y publiqué en El Periódico de Aragón el comentario de un libro. Se trata de El pájaro y la piedra, de Mariano Castro, que ha publicado Prensas Universitarias de Zaragoza. Alguna vez he comentado que últimamente apenas leo poesía, porque lo poco que veo por ahí no me llama nada la atención. Sin embargo, este libro me pareció realmente bueno desde el primer verso.

Para evitar posibles suspicacias, seré el primero en advertir que conozco a Mariano Castro desde hace unos cuantos años y que, aunque nos vemos poco, lo considero un amigo. Pero esta circunstancia no ha influido en mi lectura, ni en lo que he dejado dicho en mi comentario, que copio a continuación:

Mariano CastroCuando Mariano Castro escribe “He visto una luciérnaga; quiero decir, solo su luz”, está exponiendo prácticamente entera una poética. Si no de toda su poesía, por lo menos sí de El pájaro y la piedra, el libro que recientemente ha publicado con Prensas Universitarias de Zaragoza. En este único verso que forma el poema aparecen los elementos que recorren todas las páginas del libro: la visión de la luciérnaga, o sea, de la naturaleza viva; la luz, que sirve para que los ojos (otro elemento constante en el libro) puedan certificar la existencia de esa realidad; y ese quiero decir con el que el poeta demuestra su anhelo de decir el origen secreto de las palabras, pero también su dificultad para conseguirlo.

Mariano Castro es un poeta muy consciente del valor que tiene la palabra, y no está dispuesto a malbaratarla. “En el borde preciso de la palabra suena el eco del pensamiento”, dice otro de los versos de este libro, también muy revelador. Como lo son los nombres que aparecen acompañando algunos poemas: José Ángel Valente, Salvatore Quasimodo, San Juan de la Cruz, René Char o Edmond Jabès, autores todos ellos que plantearon, cada uno a su manera, tentativas de solución a ese querer decir. Como uno más de ellos, Mariano Castro construye poemas en donde las palabras iluminadas quieren contener el mundo: “El hombre contempla las estrellas; / el poeta las cuenta como sílabas de un verso”.

Y si el título del libro evoca a ese otro perseguidor de la totalidad que fue Juan Ramón Jiménez, su contenido también puede hacer pensar en ese nombre de las cosas que el de Moguer le reclamaba a la inteligencia. En los depurados poemas de este libro, Castro se acerca a esa condición deslumbrada y deslumbrante del poeta que mira a la palabra sabiendo que, en ocasiones, sí es oro todo lo que reluce.

También dejo aquí el enlace para quien quiera leerlo en la página web de El Periódico de Aragón: La palabra atravesada por la luz de los versos de Mariano Castro ( El Periódico de Aragón – 14/05/2009 ).