Junio 2009


Para mi comentario literario en El Periódico de Aragón de esta semana, ayer dejé a un lado la poesía y me tiré al ensayo. En concreto, a Todos crecen menos Peter, que ha escrito Sivia Herreros de Tejada (a esta chica le pasa como a Ramón Gómez de la Serna, que tiene un primer apellido que vale por dos) y ha publicado Lengua de Trapo.

El libro trata sobre Peter Pan, y la autora estudia al personaje como mera creación literaria y como reflejo de la personalidad de su autor, James Matthew Barrie. Pero al analizar la psicología de Barrie, de rebote también lo hace con la del propio Peter Pan, una tentación en la que han caído algunos estudiosos de la literatura, tratando a personajes inventados como si fueran personas reales. A mí ese planteamiento me parece erróneo, porque creo que un personaje literario existe exclusivamente dentro de la obra que lo contiene, y por tanto toda la psicología que puede conocerse de un personaje emana de la obra, incluso de lo que calle o únicamente sugiera. Pero no me enrollo más, y pongo a continuación mi reseña:

La fascinación por el mito del niño que no quería crecer

peter panLa figura de Peter Pan posee una fascinación que atrae a muy diversas gentes, desde Walt Disney a Leopoldo María Panero, pasando por los urbanitas que abrazan alegremente su síndrome. En ‘Todos crecen menos Peter’, ganador del premio de ensayo Caja Madrid, Silvia Herreros de Tejada se une a esa fascinación para indagar en cómo su creador, el escocés J. M. Barrie, construyó un personaje que ha terminado por convertirse en mucho más que eso.

La tesis del libro se encamina a demostrar que Barrie quería hacer algo más que un cuento de hadas, como es convertir a Peter Pan en un mito, o en palabras de la autora, en “un ser sobrenatural inspirado en un dios de antaño” que además reflejase las tensiones psicológicas de su creador. Para ello, reconstruye la génesis de Peter Pan como obra literaria, desde su primera versión teatral de 1904, como una más de las ‘pantomimas’ que en esos momentos estaban en boga en la escena londinense, hasta su reconversión en novela, ya en 1911. Durante ese tiempo, Barrie fue puliendo escenas y matizando personajes, e introdujo un cambio fundamental para la caracterización del protagonista en el subtítulo de la obra. Así, Peter Pan pasó de ser “el niño que no PODÍA crecer” a “el niño que no QUERÍA crecer”. Una diferencia sutil, pero como indica Silvia Herreros de Tejada, clave para el desarrollo del protagonista.

Tal vez donde más flojee el ensayo es en la interpretación del personaje de Peter Pan, paradójicamente por su afán de profundizar. Como bien dice la autora, Peter Pan ha sido pasto predilecto de los análisis psicoanalíticos, y ella misma no se despega demasiado de esta línea, que suele pecar de hilar demasiado fino. Además, la autora tiende a divagar de lo particular a lo general, aunque deja también algunas pistas sugerentes y esclarecedoras, que hacen que el libro se lea con interés.

Hay algunas variaciones entre este texto y el que aparece en El Periódico, que puede leerse aquí: La fascinación universal por el mito del niño que no quería crecer. La primera está en el título, que tuvieron que alargar añadiendo la palabra ‘universal’ para llenar el titular. Y otra más importante: que me cortaron la última línea, donde decía “que hacen que el libro se lea con interés”. No voy a clamar al cielo, porque sé lo que es encajar un texto de otra persona en un hueco determinado; y si no, que hubiera estado yo más afinado más en la extensión del texto. Pero sin esa coletilla final, la reseña queda bastante más negativa de lo que quería reflejar. Y no era esa mi intención.

Ayer saqué en El Periódico de Aragón otro comentario a un libro, esta vez de otro buen conocido de la cultura aragonesa: Javier Delgado, que ha publicado en Prensas Universitarias de Zaragoza Amoramorte. Esto fue lo que yo escribí sobre el libro:

Javier Delgado mira hacia el pasado en los versos de su último libro

amoramorteMucho antes de que Freud bendijera la unión, la literatura ya sabía de los estrechos vínculos entre amor y muerte; incluso un novelista tan decimonónico como Juan Valera juntó ambos conceptos en el título de una novela suya, ‘Morsamor’. Ahora, Javier Delgado acuña otra fusión en su más reciente libro de poemas, editado por Prensas Universitarias de Zaragoza: ‘Amoramorte‘. No obstante, en este caso parece que es uno de los dos componentes el que sale beneficiado, hasta el punto que ese título podría leerse como un ‘amor a muerte’.

Tal vez por esa preponderancia de la muerte, el poemario tiene en algunos momentos una vocación de mirar hacia atrás, de recapitulación. En unos casos el recuento toma forma de balance ético personal, como cuando el autor escribe: “Que otros canten las pasadas glorias / de sus maravillosas vidas / que yo tengo bastante con la historia / de mi desgracia las penas de mis días”, con recuerdos a Espronceda y su Canción del Pirata, despojada de fascinación romántica.

Pero donde más evidente se hace ese retorno al pasado es en la propia forma de los poemas. Javier Delgado adopta un discurso que recuerda a la poesía experimental de hace 40 años, prescindiendo casi por completo de la puntuación, dislocando el verso con encabalgamientos arriesgados, y utilizando un registro coloquial y que tiende a la oralidad, pese a que el fondo sea grave y sombrío. Bien es verdad que estas manipulaciones lingüísticas pueden parecer gratuitas, como cuando se prescinde de los espacios entre palabras; sin embargo, el propio autor da sus razones: “Quiero que quien lea tenga que ir encontrando él mismo las palabras las que pueden leerse y las que se leerían si se cortasen de otra manera las sílabas”, aunque, paradójicamente, sea difícil leerlas.

Aquí está el enlace de la página web de El Periódico de Aragón: Javier Delgado mira hacia el pasado en los versos de su último libro ( El Periódico de Aragón – 18/06/2009 ). Esta vez recomiendo ir a la fuente, porque alguien dejó un comentario, algo que me parece maravilloso siendo la reseña de un libro de poesía. Aprovechando que aquí tengo más espacio, voy a contestar a quien dejó ese comentario. Pero primero de todo, lo voy a copiar, para que el hipotético lector tenga todos los datos. El comentario, que firmaba Mr. Mandrake, decía así:

Resulta curioso que el autor del artículo se refiera a técnicas de poesía experimental de hace 40 años mientras que los poetas que prescinden de todo grado experimental se mantienen apegados a la poesía experimental de hace 200 años. ¿Por qué se empeñan críticos en encontrar desfasadas propuestas experimentales todavía no digeridas por todo el público mientras ellos mismos ensalzan uan poesía discursiva que no aporta nada y que podría definirse de ultraretro?

Yo también creo que hay mucha “poesía discursiva” que no aporta nada. Evidentemente, habría que delimitar bien qué se entiende por “poesía discursiva”. Pero también creo que muchas de las propuestas experimentales de hace 40 años sí que están muy desfasadas. No es que el público no las haya digerido, sino me parece que sencillamente no merecían la pena ser digeridas.

Como afirma Mr. Mandrake, hay poetas que siguen los experimentalismos de hace 200 años. Tal vez esto se deba a que esos ensayos siguen vigentes, y han pasado a formar parte de la propia forma de escribir poesía. Sin embargo, otras propuestas, como escribir sin espacios o cortando los versos a mitad de las palabras, dudo que se conviertan en una forma de expresión aceptada por los poetas del futuro. Estuvieron bien en su momento como muestra de deslumbramiento tipográfico o para reaccionar ante la esclerosis poética, pero ahora yo considero que están bastante fuera de lugar, a pesar de que Javier Delgado lo justifica razonablemente. No hay nada más anticuado que seguir una moda que se ha pasado ya de moda.

Más interesante me parecía otro rasgo que señalaba de pasada en mi comentario, el referente al registro coloquial y oral, que también asociaba a los “experimentalismos” de hace décadas: leyendo los poemas de Amoramorte, a mí me vinieron a la memoria nombres como el José Luis Alegre Cudós de Ridícula prosaica, rítmica verborrea, o los de algunos poetas de la casi clandestina Generación del 65, como José Antonio Maenza, Fernando Villacampa o incluso Ignacio Prat. Todos ellos manipularon también el lenguaje en su nivel más material, pero si se leen ahora sus poemas seguramente lo que destacará de ellos es la consecución de un lenguaje poético valioso; y eso no se consigue simplemente prescindiendo de la puntuación o juntando y desjuntando palabras al azar.

Me gustaría de veras no quedarme con la última palabra (que no la es) de todo esto, así que si alguien se anima a seguir la conversación, será bienvenido.

La semana pasada, publiqué en El Periódico de Aragón el comentario de Voces en el desierto, un libro de poesía de José Luis Rodríguez, profesor de filosofía en la Universidad de Zaragoza y un nombre sobradamente conocido dentro de la cultura aragonesa. Esto fue lo que escribí sobre él:

Una serie de biografías de la derrota con poco lugar para la esperanza

voces en el desiertoHay libros que requieren una cierta predisposición para adentrarse en ellos; en el caso de ‘Voces en el desierto’, publicado por la editorial Eclipsados, sería recomendable que su lector no atravesara un periodo de bajón emocional, porque no es una lectura para según qué ánimos. El título ya da una clave de la tonalidad en que se van a mover los poemas, y el implacable desarrollo del libro la corrobora, construyendo una serie de biografías de la derrota con poco espacio para la esperanza.

El poema que abre el libro es el único que tiene título, ‘Preguntas’. Significativamente, ninguna de las que se plantean obtiene una respuesta directa (que no es lo mismo que satisfactoria), aunque sí que centran el derrotero que van a seguir el resto de los versos: “Le preguntan por dónde comienza a leerse un libro / y él se limitó a mirar por la ventana”. Tras ese comienzo entre el zen y Bertolt Brecht, José Luis Rodríguez García va convocando distintas voces solistas, que a lo largo de las páginas ejecutan una oscura polifonía, a la vez que se van entretejiendo unas con otras. Entre pinceladas pesimistas, el poeta apenas ofrece alivio, y no le valen tradicionales consuelos, como el recuerdo (“Porque recordar es un infierno, amor mío”, concluye un poema) o la propia creación poética: “Mi piel envejece, / tal es lo que piensa el escritor ante el folio en blanco”, es el comienzo de otro.

La mirada un tanto desolada del autor empapa no solo el contenido de los poemas, sino también a su continente. Aunque José Luis Rodríguez no desdeña el atisbo lírico, la mayoría de los versos aparecen despojados de ornato retórico, lo cual no quiere decir que, en su conjunto, los poemas sean opacos o inexpresivos. Precisamente una de las bazas con las que juega el autor es su tangible realismo; y ya se sabe: dicen que un pesimista es solamente un realista bien informado.

También puede leerse en la página web de El Periódico: Una serie de biografías de la derrota con poco lugar para la esperanza ( El Periódico de Aragón – 11/06/2009 )

la zona prohibida

Hoy hace un año que se inauguró la Expo.

Da la impresión de que todo queda tan lejano…

El jueves pasado publiqué en El Periódico de Aragón el comentario de un libro de Rétif de la Bretonne, Las noches revolucionarias. He de confesar que a este autor lo conocía básicamente por ser el autor de La Anti-Justina, una novela tremendamente pornográfica con la que quiso contestar las ocurrencias del marqués de Sade, que le parecían abominables. Pero lo que más me atrajo fue que el libro lo ha publicado El Olivo Azul, una editorial cuyo catálogo incluye títulos muy interesantes e inusuales. Sólo con ver los autores que han editado, el curioso lector puede hacerse idea: Apollinaire, Conrad, Chesterton, Kipling, Schwob, Schnitzel… como puede verse, una lista que hubiera hecho las delicias de Borges, por ejemplo. El de Rétif de la Bretonne (al que, por cierto, yo siempre había visto escrito como Restif) abre una nueva colección, en la que también se ha publicado El paseante de las dos orillas, de Apollinaire. Copio lo que salió en El Periódico:

Reportajes de actualidad con la Revolución Francesa como telón de fondo

noches revolucionariasRétif de la Bretonne fue un personaje peculiar: para combatir la Justine del marqués de Sade, que consideraba un monumento a la perversidad, se le ocurrió escribir otra novela titulada ‘La Anti-Justine’, todavía más desaforada que la primera. Tuvo una vida azarosa y fue asiduo de la noche parisina, un gusto que sumado al de escribir trajo consigo ‘Las noches de París‘, crónica noctámbula y en primera persona de la vida parisiense de finales del siglo XVIII.

La parte correspondiente a los primeros años de la Revolución Francesa, entre 1789 y 1793, se ha recogido en un volumen convenientemente titulado ‘Las noches revolucionarias’, que ha publicado la interesante editorial El Olivo Azul.

Estas ‘noches revolucionarias‘ se sitúan a medio camino entre el reportaje de actualidad y la intrahistoria unamuniana, sazonados con rasgos de novela picaresca y acompañados en esta edición de notas explicativas que a veces se quedan un poco cortas. El marco histórico era sin duda el idóneo para quien quisiera desarrollar una crónica trepidante, y el estilo del autor, asiduo de la frase corta y el verbo en presente, ayuda a transmitir la sensación de caos que debió reinar en París durante los días de la revolución.

Esta zozobra de lo establecido se extiende además al contenido del libro, y en ‘Las noches revolucionarias’ hay lugar tanto para la descripción de ejecuciones populares como para melodramáticas historias de jovencitas desvalidas, sin que esa variación de registros sea un defecto. A pesar de estar escritas a posteriori (algo que ayuda a Rétif a mantener una cuidadosa ambigüedad ante los acontecimientos), las páginas de este libro dan una urgente sensación de inmediatez, y llevan al lector hasta el mismo lugar de los hechos, lo que viene a demostrar cuán viejo es el ‘nuevo periodismo‘.

Y dejo aquí también el enlace a la página web donde está el comentario: Reportajes de actualidad con la Revolución Francesa como telón de fondo ( El Periódico de Aragón – 04/06/2009 )

Hoy iba a poner aquí la reseña mía que salió ayer en El Periódico de Aragón, pero creo que este fabuloso vídeo lo merece mucho más.