Hace unas semanas publiqué en El Periódico de Aragón una reseña de las memorias de Kiki de Montparnasse, Recuerdos recobrados, que ha editado hace poco una nueva editorial, Nocturna Ediciones. Cogí el libro con bastantes ganas porque prometía ser una lectura interesante. Al fin y al cabo, a Kiki de Montparnasse le había tocado vivir una época apasionante: el París donde se desarrolló el arte moderno, durante las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, el libro me dejó bastante decepcionado, porque apenas cuenta nada de lo que a un lector curioso le interesaría saber. No me refiero ni siquiera a cotilleos o historias marginales de aquella ilustre tropa, sino simplemente una mera crónica de lo que sucedía en el Montparnasse del momento.
Esto puede deberse a varias razones: a que Kiki de Montparnasse decidiera no contar todo lo que vivió, con lo que el valor de estas memorias queda bastante deteriorado; o que no acabara de enterarse de dónde estaba y con quién se codeaba, lo cual tampoco la deja en muy buen lugar. De cualquier manera, estas memorias me parecieron una lectura bastante superficial y ligerita. Por lo que se dice en el prólogo, hace años fueron censuradas o prohibidas en algún sitio; pero en estos momentos son de una candidez casi enternecedora. En ese aspecto, a mí me recordó a Ramón Gómez de la Serna, que en alguna ocasión alardeaba de lo escandalosos que eran algunos de sus libros y que, sin embargo, leídos ahora resultan hasta ñoños. Esto fue lo que escribí sobre las memorias de Kiki de Montparnasse:
El bullicioso París artístico del periodo de entreguerras visto por su musa
Una nueva editorial, Nocturna Ediciones, acaba de empezar su andadura. Uno de sus primeros lanzamientos es ‘Recuerdos recobrados’, las memorias de Kiki de Montparnasse, un carismático personaje del París artístico del periodo de entreguerras. Kiki de Montparnasse fue un verdadero icono de su época, y en más de un aspecto, ya que posó profusamente para los artistas que en ese momento hacían de París el epicentro del arte mundial: Modigliani, Calder, Moise Kisling o Pablo Gargallo entre otros inmortalizaron a Kiki, aunque seguramente sus imágenes más recordadas son las fotografías de Man Ray, que fue su amante (y eso se nota, porque nunca ha estado tan hermosa Kiki de Montparnasse como en las fotos que Man Ray le hizo). Algunas de estas imágenes ilustran esta edición.
Además de icono, Kiki de Montparnasse fue también una adelantada a su tiempo, como precursora del personaje que ahora tanto prolifera, y que se hace famoso por estar junto a (y a veces debajo de) otros famosos. Y esa nómina de famosos es muy rica: a los ya citados pueden añadirse Hemingway, Cocteau, la gran mayoría de los grupos fundacionales del surrealismo y el dadaísmo o Picasso, por citar unos cuantos.
Pero aunque la autora fue testigo envidiable de un momento particularmente intenso, en sus memorias apenas podrá encontrarse una crónica de ese florecimiento cultural, ni un retrato medianamente profundo de tanto nombre ilustre. Las memorias de Kiki de Montparnasse son la historia sencilla y no demasiado hilvanada de una joven provinciana muy humilde que llega a París y se encuentra con un mundo bullicioso en donde se desenvuelve con desparpajo. Claro que los compañeros de viaje que tuvo han pasado casi todos a la historia del arte, algo que no todo el mundo puede decir.
Es muy probable que Kiki de Montparnasse no pase a la historia como cronista de la época en que vivió, pero su figura se hace indisociable de ese momento. Entre las imágenes más conocidas de Kiki se encuentra esta que, como no podría ser de otra forma, hizo Man Ray. A mí siempre me ha parecido una fotografía buenísima, y más con el título que Ray le puso: ‘El violín de Ingres’. Un título lleno de posibles interpretaciones, como bien se explica en la página web del Museo Getty donde se puede ver la foto: “Man Ray fue un admirador de las pinturas de Jean-Auguste-Dominique Ingres y realizó una serie de fotografías, inspirada por los lánguidos desnudos de Ingres, de la modelo Kiki con un turbante. Al pintar los agujeros en forma de f de un instrumento de cuerda en la impresión fotográfica y luego refotografiándola, Man Ray alteró lo que era originalmente un desnudo clásico. Agregó también el título Le Violon d’Ingres, una frase hecha del francés que significa “hobby”. La transformación del cuerpo de Kiki en un instrumento musical, con la tosca adición de unas pocas pinceladas la convierte en una imagen humorística, pero su figura sin brazos, es también inquietante de contemplar. El título parece sugerir que, así como tocar el violín era la afición de Ingres, juguetear con Kiki era un pasatiempo de Man Ray. La imagen mantiene una tensión entre la objetivación y la apreciación de la forma femenina.” Después de leerse las memorias de Kiki de Montparnasse, cabe preguntarse qué hubiera opinado ella de estos significados.
Una nueva editorial, Nocturna Ediciones, acaba de empezar su andadura. Uno de sus primeros lanzamientos es ‘Recuerdos recobrados’, las memorias de Kiki de Montparnasse, un carismático personaje del París artístico del periodo de entreguerras. Kiki de Montparnasse fue un verdadero icono de su época, y en más de un aspecto, ya que posó profusamente para los artistas que en ese momento hacían de París el epicentro del arte mundial: Modigliani, Calder, Moise Kisling o Pablo Gargallo entre otros inmortalizaron a Kiki, aunque seguramente sus imágenes más recordadas son las fotografías de Man Ray, que fue su amante (y eso se nota, porque nunca ha estado tan hermosa Kiki de Montparnasse como en las fotos que Man Ray le hizo). Algunas de estas imágenes ilustran esta edición.
Recuerdo que el descubrimiento de Julián Ríos, hace ya varios lustros, supuso para mí una sacudida, y que en mi vida como lector hay un antes y un después de leer Larva. No descubro nada nuevo, porque este libro generó en su momento una notable atención, tanto por parte de los que lo elogiaban como los que lo denostaban. Es complicado abarcar todo lo que esta novela supone; baste con una descripción de cómo está escrita: las páginas impares describen la historia (por llamarla de algún modo) central, que son las andanzas de uno de los protagonistas (Milalias) durante una multitudinaria fiesta de disfraces en una villa londinense, una noche de san Juan, mientras busca a la otra protagonista (Babelle). Esa historia se va contando de manera fragmentada con una prosa en la que se mezclan idiomas, y en la que el español (que es la lengua en la que presuntamente está escrita la novela) se fuerza continuamente a base de juegos de palabras, alusiones literarias, neologismos y toda clase de retruécanos. Algo así como el Finnegans Wake de Joyce. Pero además, esa narración aparece continuamente trufada por notas, que remiten a las páginas pares, donde se multiplican los retorcimientos del lenguaje, los saltos de un idioma a otro y las referencias. Y también remiten a la parte final del libro, las Notas de la Almohada, en las que se reconstruyen episodios de la relación anterior de Milalias y Babelle. Dicho así, la forma de la novela parece muy complicada, pero con el libro en las manos se entiende en un minuto. Ya digo que en su momento fue motivo de enconadas discusiones; ahora me da la impresión de que ha quedado como un ejercicio pintoresco y fútil, cuando no directamente desdeñable para gran parte del público. A mí, sin embargo, y apagado ya el fervor de su descubrimiento, me parece una novela muy importante en la literatura española y en español.
Julián Ríos demuestra su gusto por el riesgo en su última novela, ‘Puente de Alma’, en la que hasta el tema es provocativo por lo inesperado en un escritor como él: la muerte de la princesa Diana de Gales y su tránsito a ídolo contemporáneo. Ríos asume el riesgo de desorientar a los fans de lady Di (que seguro que los hay) porque en la novela, la princesa y su circunstancia son más un pretexto que un argumento; y asume el peligro de defraudar a sus seguidores más acérrimos (que también los hay, esto sin duda alguna) con una obra que puede parecer descafeinada, aunque mantenga los rasgos que hacen de Ríos un escritor tremendamente interesante.