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Rebuscando hace poco entre mis libros, me encontré con la Guía del Autoestopista Galáctico. Qué buenos recuerdos.

La primera vez que oí hablar de Douglas Adams fue cuando Diario 16 –ojo al tiempo transcurrido– dio por entregas durante un verano Hasta luego, y gracias por el pescado, el cuarto título de esa trilogía compuesta por cinco libros (sic). Inmediatamente me hice con los tres primeros, que devoré entre carcajadas perplejas. La serie completa la forman Guía del Autoestopista Galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el Universo y todo lo demás, Hasta luego, y gracias por el pescado e Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva.
Adams se adelantó muchos años al ambiente friki y geek que hoy prolifera en según que pagos. No me extraña que cuando se publicó (originalmente en 1978, la primera edición en español en el 83. Yo tengo la tercera, del 87; ninguna es la de la imagen, pero no he encontrado otra) llamara tanto la atención.
La Guía del Autoestopista Galáctico mezcla temas típicos de la ciencia ficción (razas alienígenas de distinto pelaje, buenas y malas, inteligentes y tontas; enormes naves espaciales; viajes hiperdimensionales; robots y superordenadores…) con preocupaciones filosóficas (una de ellas, fundamental para la trama, es la respuesta a la vida, el universo y todo lo demás). Pero sobre todo tiene un aderezo de humor británico, vertiente Monty Phyton, que la hace irresistible. Hay quien ha comparado a Douglas Adams con Lewis Carroll, y no está desencaminado, sobre todo cuando fuerza la lógica y las situaciones cotidianas hasta ponerlas completamente del revés.
Sin embargo, en España la serie del Autoestopista Galáctico no ha conseguido triunfar; o por lo menos, no ha tenido el mismo éxito que en el mundo anglosajón, donde es una referencia para mucha gente. Para apuntar sólo una muestra: ¿de dónde viene el nombre de Babelfish , el traductor automático de Altavista? Pues sí, Adams fue quien se inventó un pez que se introducía en el oído, y que servía de traductor para todas las lenguas del universo.
Yo siempre he considerado, además, que Futurama era como un descendiente de la Guía del Autoestopista Galáctico. Por lo menos, un heredero –y del que estar orgulloso, por cierto–. La versión cinematográfica de la Guía, sin embargo, parece que no llegó a calar (en España mejor ni hablar de ello; yo ni siquiera tuve tiempo de ir a verla al cine, porque la quitaron a la semana, o menos).
En la Wikipedia –otro concepto del que seguramente Douglas Adams hubiera sacado buen partido– hay entrada propia para la Guía del Autoestopista Galáctico , así como para su autor.
Creo que me los voy a leer otra vez. Merecen la pena.

 

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