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Hace años, escribía reseñas literarias en El Periódico de Aragón. Quizá por eso, había quien que a veces me pedía que les recomendase algún libro. Como yo para gustos soy muy peculiar, y esa pregunta me la hacía gente de lo más variopinta, me busqué una respuesta estándar, rápida y satisfactoria. Y el libro que siempre recomendaba –y aún lo hago– es La vida instrucciones de uso, la obra cumbre de Georges Perec, un autor francés nacido en 1936 y muerto en 1982.

Cualquier cosa de las que escribió Perec merece la pena, pero La vida… puede considerarse el compendio de todo su arte. El libro tiene la estructura de historias dentro de historias –algo así como las Mil y Una Noches, y se centra en la descripción de un edficio parisino y de sus habitantes. Así, por sus páginas transitan infinidad de personajes e innumerables situaciones, si bien hay algunos nombres que podrían considerarse como protagonistas. Es el caso de Bartlebooth, obsesionado con los rompecabezas, o de Winckler, el encargado de hacerle los rompecabezas al anterior. Pero mi personaje preferido es Albert Cinoc, un tipo peculiar del que no se sabe ni siquiera como se escribe correctamente su apellido, y cuyo oficio es matapalabras: se dedica a revisar diccionarios para quitar palabras que han quedado obsoletas.

Así, a lo largo de 99 capítulos el lector viaja en el tiempo y en el espacio, reconstruyendo a su vez un gigantesco rompecabezas donde las historias se van encajando en piezas. Un recorrido maravilloso y lleno de amenidad, que mezcla admirablemente el realismo más prosaico con la imaginación más desbordada.

Claro que eso no es todo. El entramado de la novela es un auténtico mecanismo de precisión; bueno, para ser más exactos, un montón de mecanismos que funcionan a la perfección. El propio Perec dio pistas de cómo había urdido la estructura de La vida… Por ejemplo, el plano del edificio descrito se superpone a un cuadrícula de 10×10. A través de los movimientos del caballo de ajedrez se obtiene el orden de los capítulos que sigue la novela. Y el contenido de cada capítulo se genera mediante combinaciones matemáticas de listas que manejaba Perec, en las que se incluían citas literarias, obras de arte, utensilios o prendas de vestir, entre otras cosas. Todo esto está mejor explicado aquí. Pero eso es sólo la punta del iceberg. En La vida…, Perec introdujo todo lo que había puesto en práctica como miembro activo (y muy activo) del Oulipo, pero lo mejor de todo es que no hace falta pescar todas las referencias, juegos de palabras y complejidades narrativas para disfrutar de la novela. Aunque si se atisba algo de esto, pues mucho mejor.

Otras obras de Perec son más exhibicionistas en este retorcimiento literario lúdico. Por ejemplo, La disparition, famosa novela escrita sin la letra ‘e’ (en español se publicó como El secuestro, eliminando la ‘a’; también muy recomendable). Pero La vida instrucciones de uso es para mí uno de esos libros que difícilmente defraudarán a quienes nos piden que les recomendemos algo para leer.

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