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La semana pasada, publiqué en El Periódico de Aragón el comentario de Voces en el desierto, un libro de poesía de José Luis Rodríguez, profesor de filosofía en la Universidad de Zaragoza y un nombre sobradamente conocido dentro de la cultura aragonesa. Esto fue lo que escribí sobre él:

Una serie de biografías de la derrota con poco lugar para la esperanza

voces en el desiertoHay libros que requieren una cierta predisposición para adentrarse en ellos; en el caso de ‘Voces en el desierto’, publicado por la editorial Eclipsados, sería recomendable que su lector no atravesara un periodo de bajón emocional, porque no es una lectura para según qué ánimos. El título ya da una clave de la tonalidad en que se van a mover los poemas, y el implacable desarrollo del libro la corrobora, construyendo una serie de biografías de la derrota con poco espacio para la esperanza.

El poema que abre el libro es el único que tiene título, ‘Preguntas’. Significativamente, ninguna de las que se plantean obtiene una respuesta directa (que no es lo mismo que satisfactoria), aunque sí que centran el derrotero que van a seguir el resto de los versos: “Le preguntan por dónde comienza a leerse un libro / y él se limitó a mirar por la ventana”. Tras ese comienzo entre el zen y Bertolt Brecht, José Luis Rodríguez García va convocando distintas voces solistas, que a lo largo de las páginas ejecutan una oscura polifonía, a la vez que se van entretejiendo unas con otras. Entre pinceladas pesimistas, el poeta apenas ofrece alivio, y no le valen tradicionales consuelos, como el recuerdo (“Porque recordar es un infierno, amor mío”, concluye un poema) o la propia creación poética: “Mi piel envejece, / tal es lo que piensa el escritor ante el folio en blanco”, es el comienzo de otro.

La mirada un tanto desolada del autor empapa no solo el contenido de los poemas, sino también a su continente. Aunque José Luis Rodríguez no desdeña el atisbo lírico, la mayoría de los versos aparecen despojados de ornato retórico, lo cual no quiere decir que, en su conjunto, los poemas sean opacos o inexpresivos. Precisamente una de las bazas con las que juega el autor es su tangible realismo; y ya se sabe: dicen que un pesimista es solamente un realista bien informado.

También puede leerse en la página web de El Periódico: Una serie de biografías de la derrota con poco lugar para la esperanza ( El Periódico de Aragón – 11/06/2009 )

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