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Ayer saqué en El Periódico de Aragón otro comentario a un libro, esta vez de otro buen conocido de la cultura aragonesa: Javier Delgado, que ha publicado en Prensas Universitarias de Zaragoza Amoramorte. Esto fue lo que yo escribí sobre el libro:

Javier Delgado mira hacia el pasado en los versos de su último libro

amoramorteMucho antes de que Freud bendijera la unión, la literatura ya sabía de los estrechos vínculos entre amor y muerte; incluso un novelista tan decimonónico como Juan Valera juntó ambos conceptos en el título de una novela suya, ‘Morsamor’. Ahora, Javier Delgado acuña otra fusión en su más reciente libro de poemas, editado por Prensas Universitarias de Zaragoza: ‘Amoramorte‘. No obstante, en este caso parece que es uno de los dos componentes el que sale beneficiado, hasta el punto que ese título podría leerse como un ‘amor a muerte’.

Tal vez por esa preponderancia de la muerte, el poemario tiene en algunos momentos una vocación de mirar hacia atrás, de recapitulación. En unos casos el recuento toma forma de balance ético personal, como cuando el autor escribe: “Que otros canten las pasadas glorias / de sus maravillosas vidas / que yo tengo bastante con la historia / de mi desgracia las penas de mis días”, con recuerdos a Espronceda y su Canción del Pirata, despojada de fascinación romántica.

Pero donde más evidente se hace ese retorno al pasado es en la propia forma de los poemas. Javier Delgado adopta un discurso que recuerda a la poesía experimental de hace 40 años, prescindiendo casi por completo de la puntuación, dislocando el verso con encabalgamientos arriesgados, y utilizando un registro coloquial y que tiende a la oralidad, pese a que el fondo sea grave y sombrío. Bien es verdad que estas manipulaciones lingüísticas pueden parecer gratuitas, como cuando se prescinde de los espacios entre palabras; sin embargo, el propio autor da sus razones: “Quiero que quien lea tenga que ir encontrando él mismo las palabras las que pueden leerse y las que se leerían si se cortasen de otra manera las sílabas”, aunque, paradójicamente, sea difícil leerlas.

Aquí está el enlace de la página web de El Periódico de Aragón: Javier Delgado mira hacia el pasado en los versos de su último libro ( El Periódico de Aragón – 18/06/2009 ). Esta vez recomiendo ir a la fuente, porque alguien dejó un comentario, algo que me parece maravilloso siendo la reseña de un libro de poesía. Aprovechando que aquí tengo más espacio, voy a contestar a quien dejó ese comentario. Pero primero de todo, lo voy a copiar, para que el hipotético lector tenga todos los datos. El comentario, que firmaba Mr. Mandrake, decía así:

Resulta curioso que el autor del artículo se refiera a técnicas de poesía experimental de hace 40 años mientras que los poetas que prescinden de todo grado experimental se mantienen apegados a la poesía experimental de hace 200 años. ¿Por qué se empeñan críticos en encontrar desfasadas propuestas experimentales todavía no digeridas por todo el público mientras ellos mismos ensalzan uan poesía discursiva que no aporta nada y que podría definirse de ultraretro?

Yo también creo que hay mucha “poesía discursiva” que no aporta nada. Evidentemente, habría que delimitar bien qué se entiende por “poesía discursiva”. Pero también creo que muchas de las propuestas experimentales de hace 40 años sí que están muy desfasadas. No es que el público no las haya digerido, sino me parece que sencillamente no merecían la pena ser digeridas.

Como afirma Mr. Mandrake, hay poetas que siguen los experimentalismos de hace 200 años. Tal vez esto se deba a que esos ensayos siguen vigentes, y han pasado a formar parte de la propia forma de escribir poesía. Sin embargo, otras propuestas, como escribir sin espacios o cortando los versos a mitad de las palabras, dudo que se conviertan en una forma de expresión aceptada por los poetas del futuro. Estuvieron bien en su momento como muestra de deslumbramiento tipográfico o para reaccionar ante la esclerosis poética, pero ahora yo considero que están bastante fuera de lugar, a pesar de que Javier Delgado lo justifica razonablemente. No hay nada más anticuado que seguir una moda que se ha pasado ya de moda.

Más interesante me parecía otro rasgo que señalaba de pasada en mi comentario, el referente al registro coloquial y oral, que también asociaba a los “experimentalismos” de hace décadas: leyendo los poemas de Amoramorte, a mí me vinieron a la memoria nombres como el José Luis Alegre Cudós de Ridícula prosaica, rítmica verborrea, o los de algunos poetas de la casi clandestina Generación del 65, como José Antonio Maenza, Fernando Villacampa o incluso Ignacio Prat. Todos ellos manipularon también el lenguaje en su nivel más material, pero si se leen ahora sus poemas seguramente lo que destacará de ellos es la consecución de un lenguaje poético valioso; y eso no se consigue simplemente prescindiendo de la puntuación o juntando y desjuntando palabras al azar.

Me gustaría de veras no quedarme con la última palabra (que no la es) de todo esto, así que si alguien se anima a seguir la conversación, será bienvenido.

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