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He leído en La Cárcel de Papel que uno de los coleccionables que se preparan para septiembre (un fenómeno sociológico digno de estudio) retoma la colección Joyas Literarias Juveniles que la editorial Bruguera editó hace unas cuantas décadas. Se trata de una evidente jugada comercial que aprovecha el tirón nostálgico de los potenciales compradores, ya desde el slogan que le han puesto al coleccionable: “Vuelve a disfrutar de la colección de aventuras más popular de los 70 y 80”.

joyas literarias

Yo no seré uno de los que disfruten con esta colección, y eso que fui de los que la conoció en directo. Pero nunca me atrajeron estas adaptaciones literarias, ni las veo como un buen método para acercar la literatura a los más jóvenes y bla bla bla bla… Mi recuerdo es que a mí, estas adaptaciones en concreto me aburrían bastante. No obstante, ha habido gente que se ha preocupado de que no cayeran en el olvido, y aquí hay un excelente trabajo sobre ellas.

Aún así, no me voy a librar de mi propia ración de nostalgia, porque uno de los primeros libros que leí en mi vida era de este tipo; en realidad mezclaba el texto y los dibujos, porque lo que hacían era poner el texto original, y cada cuatro o seis páginas insertaban una página en la que se adaptaba al cómic lo narrado. Así me leí yo Los viajes de Gulliver: primero, claro, vía tebeo. Luego me animé con el texto, que leí y releí infinidad de veces. Y lo mejor de todo es que la parte de texto no estaba adaptada ni nada; después me he encontrado con muchísimas versiones del libro que eran supuestamente para niños, o sea, que se limitaban a contar los viajes de Gulliver a Liliput y al país de los gigantes, cuyo nombre pocos recuerdan, ya que es Brobdingnag (vale, yo también lo he tenido que mirar en la Wikipedia).

viajes de gulliver

Sin embargo, en esas versiones para niños suelen obviarse el resto de los viajes de Gulliver, cosa que en el libro que yo leí no pasaba. Así, me enteré de la existencia de la isla volante de Laputa (bueno, en mi edición la habían rebautizado píamente como “Lupata”), en donde Swift hizo uno de los retratos más ácidos de la cultura, la ciencia y la política de su tiempo. Pero lo que más me impactó –de hecho, aún sigo impresionado– de Los viajes de Gulliver fue la existencia de los Struldbruggs, que el protagonista encuentra en otro de sus viajes. Los Struldbruggs son personas inmortales; pero lejos de ser un don, como Gulliver cree al principio, la inmortalidad es para ellos una maldición, ya que permanecen inmunes ante la muerte pero no ante el paso del tiempo, las enfermedades y el envejecimiento. Y también aparecía en el libro el viaje de Gulliver al país de los Houyhnhnms, caballos con una sociedad muy evolucionada que tenían como enemigos naturales a los Yahoos, humanos  salvajes y mezquinos que se parecen mucho a los compatriotas de Gulliver, como él mismo observa a su vuelta.

Como puede observarse, todavía guardo ese libro, y aún lo ojeo de vez en cuando. Le tengo mucho cariño, aunque no sea precisamente por nostalgia.

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