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Para despedir el año, la última reseña que saqué en El Periódico de Aragón fue de un libro aragonés por los cuatro costados: su autor es Antonio Pérez Lasheras, profesor de literatura en la Universidad de Zaragoza y director de Prensas Universitarias de Zaragoza, entre otras cosas; además, el libro lo edita el Rolde de Estudios Aragoneses, y se titula Sin poner los pies en Zaragoza (algo más sobre el Qujote y Aragón). Mi comentario sobre el libro fue el siguiente:

Antonio Pérez Lasheras repasa las relaciones entre Don Quijote y Aragón

‘Sin poner los pies en Zaragoza’, pese a lo que podría hacer pensar su subtítulo (“algo más sobre el Quijote y Aragón”), no expone ninguna tesis novedosa que vaya a cambiar lo que hasta hoy se sabe del Quijote. El libro que ha editado el Rolde de Estudios Aragoneses es más bien un estado de la cuestión, algo que no deja de agradecerse ante un autor, Cervantes, y una novela, el Quijote, que han generado exégesis y comentarios para llenar toda una biblioteca. En lo que es fiel el subtítulo es en que su autor, el profesor Antonio Pérez Lasheras, articula su exposición en torno a las relaciones de la novela cervantina con el ámbito aragonés.
El libro se abre recordando las publicaciones aparecidas en Aragón con motivo del 400 aniversario de la primera parte del Quijote en 2005. Igual que en el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote, Pérez Lasheras no se limita a enumerar, sino que comenta y opina sobre la numerosa bibliografía aparecida. Pero la mayor parte del volumen está dedicada a cuestiones directamente relacionadas con el Quijote y Aragón, entre las que destaca la escurridiza figura de Avellaneda, de origen muy probablemente aragonés, y autor de un Quijote apócrifo que hizo a Cervantes rectificar la ruta del hidalgo en la segunda parte de la novela y dejar de lado Zaragoza. Pérez Lasheras comenta también otros episodios, como las aventuras en torno a los Duques y la ínsula Barataria, que pueden leerse como una crítica a la nobleza aragonesa de su tiempo que podría explicar la poca recepción que tuvo el Quijote en Aragón. El autor cierra el volumen con un estudio más pormenorizado del sintagma “montañas de Jaca”, que aparece en uno de los romances del Quijote, remontándose a su origen histórico, jurídico e incluso antropológico.

Ciertamente ha habido mucha gente que ha escrito sobre don Qujiote y Aragón, aunque yo siempre recordaré un artículo (que Pérez Lasheras cita en su libro) de Aurora Egido, titulado “Zaragoza y don Quijote o el espacio contra el tiempo”. Salió en la revista Caracola nº 3-4, de enero del 89 (yo la guardo como oro en paño), y en él se explica muy bien cómo don Quijote se mueve por un espacio/tiempo elástico y aun einsteiniano en el que, cuanto más cerca está de Zaragoza, más le aleja el tiempo de ella. Finalmente, ya se sabe, al aparecer el Qujiote apócrifo de Avellaneda será el Quijote cervantino quien decida: “no pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno”. De esa declaración del capítulo LIX de la segunda parte de la novela es de donde ha sacado Pérez Lasheras el título de su libro.

A mí, por cierto, ese título me parece uno de los aciertos del libro, y no es la primera vez que Antonio Pérez Lasheras titula con mucho tino sus obras. Por ejemplo, un estudio que hizo sobre la sátira poética en tiempos de Góngora la tituló Más a lo moderno, que también me parece un título muy bueno; o a su edición de la poesía de Julio Antonio Gómez la tituló Una pasión sombría, otro buen hallazgo. Como se ve, Pérez Lasheras transita igualmente por la literatura del Siglo de Oro que por la contemporánea. Fue también el antólogo y editor de una antología consultada de poesía contemporánea aragonesa, allá a finales del siglo pasado. Pese a que era una antología muy interesante y bien documentada, a mí me da la impresión de que se ha quedado un tanto olvidada. A lo mejor es porque su título era tan plano como Poesía Contemporánea Aragonesa.

Pero aquí Pérez Lasheras ha dejado a un lado lo contemporáneo, y ha tirado por su faceta clásica y áurea. Y eso que, ojeando el otro día la edición que tengo del Quijote de Avellaneda (es la que hizo Martín de Riquer para Clásicos Castellanos), me encontré con esta página, en la que aparece un término de rabiosa actualidad, sobre todo en algunos lugares de internet:

Un pensamiento en “Antonio Pérez Lasheras: Sin poner los pies en Zaragoza

  1. Un buen libro, novela, sobre Cervantes en Aragón: Robin Chapman, “El Diario de la duquesa”, en Edhasa. Por si no lo ha leido. Intentaré comprar el de Lasheras, gran estudioso del Barroco y de la poesía contemporánea, sí.

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