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En mi habitual colaboración con la sección de libros de El Periódico de Aragón, hace unas semanas hice la reseña de un libro de Lewis Carroll que recientemente ha editado Nocturna Ediciones. Bueno, tal y como señalaba en el comentario, tal vez decir que es de Lewis Carroll no es lo más afinado. Esto fue lo que escribí sobre el libro:

Lewis Carroll deja el país de las maravillas para viajar a Rusia

Para muchos, Lewis Carroll es el autor de ‘Alicia en el país de las maravillas’, ‘A través del espejo’ y otras obras que elevaron unas cuantas magnitudes la potencia imaginativa de la literatura y el lenguaje. Para otros, también es un profesor interesado por la lógica que a veces combinó sus facetas creadora y académica en artículos y libros como ‘El juego de la lógica’. Por fin, para otro grupo Carroll fue un destacado pionero de la fotografía, con una tendencia a retratar niñas que hoy le hubiera acarreado más de un problema. Pero detrás de todos ellos estaba Charles Lutwidge Dodgon, nombre real de Carroll y verdadero autor de ‘Diario de un viaje a Rusia’ que ha publicado Nocturna Ediciones.
En este libro no hay rastro de Lewis Carroll, y sí de un pacífico profesor de matemáticas (y diácono anglicano) que en 1867 se decide a hacer un viaje por Europa (con escala en Bruselas, Berlín o Postdam) y visitar Rusia. Acompañado por su amigo Henry Liddon ambos emprenden un viaje del que Carroll anota sus impresiones con un tono que, leído con ojos contemporáneos, es casi la perfecta caricatura del turista inglés decimonónico que salía de su país. Con un estilo que no puede evitar una cierta displicencia británica ante lo extranjero en general y lo continental en particular, el autor comenta con educada perplejidad las vicisitudes por las que pasan, describe los comportamientos pintorescos de los lugareños, y da cuenta de su infatigable búsqueda de iglesias donde se oficie el rito anglicano. La lectura se hace no obstante muy atractiva, por la amenidad y falta de pretensiones de un texto que seguramente su autor nunca pensó publicar pero que, curiosamente, toca de lleno en dos géneros que actualmente están muy en boga: los diarios y los libros de viajes.

De Lewis Carroll y sus múltiples caras hay anécdotas bien conocidas, como la de la reina Victoria, que tras leer Alicia en el país de las maravillas pidió que le trajeran más libros del autor, y se encontró con tratados de matemáticas y lógica. El Diario de un viaje a Rusia también hubiera desconcertado a la reina Victoria, como seguramente lo hará a cualquier lector que busque en sus páginas las imaginativas creaciones que abundan en las Alicias, o la implacable autosuficiencia a todos los niveles de La caza del Snark. A mí personalmente, este diario de viajes me recordó mucho más a un libro que leí hace muchísimo tiempo, Tres hombres en una barca de Jerome K. Jerome. No recuerdo muy bien cómo llegó a mis manos ese libro, ni sé si ahora es conocido por las nuevas generaciones, pero si que guardo buen recuerdo de sus estampas cómicas, narradas con una impasibilidad británica que las hacía aún más graciosas. Supongo que por eso el libro de Carroll me ha evocado al de Jerome, aunque ya dejé claro en mi reseña que no está nada claro que Carroll escribiera con una vena satírica su viaje a Rusia.

El tiempo, las acumulaciones de libros y los traslados varios han hecho que haya perdido la pista de Tres hombres en una barca, algo que por cierto también me ha sucedido con las ediciones donde leí por primera vez Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo. Lo que sí que recuerdo de estos dos últimos libros es haberlos leído en la versión de Jaime Ojeda para Alianza Editorial, cuyas cuidadosas notas y traducciones me quitaron la imagen de las Alicias como libros infantiles. No es de extrañar que esa versión se haya convertido en una de las más conocidas, hasta el punto de que en las promociones de la nueva versión de Alicia que prepara Tim Burton se habla de “Galimatazo”, que fue la traducción que Jaime de Ojeda propuso para el poema “Jabberwocky“, famoso por su dificultad lingüística. También fue la traducción de Ojeda la que utilizó el dibujante Max para realizar su propia versión ilustrada del poema, en estas seis brillantes páginas (se pueden ver más grandes si se pincha en ellas):

Estas imágenes las saqué de aquí, donde por cierto hacen algún que otro comentario interesante sobre el poema y su traducción.

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3 pensamientos en “Lewis Carroll: Diario de un viaje a Rusia

  1. Miguel Angel, muy amable por enlazarme.

    Algunos detalles que puedo añadir. La historia sobre la reina Victoria, parece ser apòcrifa. En su versión completa, la reina estaba tan entusiasmada con los libros de Alicia, que pidió a Carroll que le dedicase su próximo libro. Que fue un tratado matemático sobre determinantes.

    Max usa la traducción de Ojeda, pero la modifica a su antojo.

    El viaje a Rusia fue la única vez en su vida en la que Carroll salió de Gran Bretaña. Tal como lo describe su biógrafo, Morton N. Cohen, fue una tediosa experiencia de conversaciones teológicas en ambiente ortodoxo (y poca cosa más).

  2. Pingback: Viajearusia.net | TagHall

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