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Creo que mi última incursión –por el momento, espero; tampoco es algo buscado– por la literatura de ámbito local/regional ha sido Beria y alrededores, una novela que ganó el último premio Isabel de Portugal de narrativa, convocado por la Diputación de Zaragoza. Como estuve en la presentación y me dieron el libro, un poco después saqué la reseña del mismo en El Periódico de Aragón. Esto fue lo que escribí:

Una voz inusual hoy en día en el premio Santa Isabel de narrativa
Cuando una novela inusual irrumpe en escena, suele encomiarse el olfato o la valentía de un editor que arriesga en una apuesta. Si esa novela publicada ha ganado un premio literario, al factor riesgo se le sobrepone el de la calidad: el texto premiado es el mejor de todos los presentados. ‘Beria y alrededores’, que ahora publica Tropo Editores, obtuvo el pasado año el premio Santa Isabel de narrativa que convoca la DPZ, y eso le da ya un sello de calidad del que partir. Pero en este caso no hay que perder de vista la apuesta y el riesgo de que se le concediera el premio.
A las pocas páginas resulta evidente que esta novela, la primera de su autor, se aleja de las actuales corrientes de la narrativa en boga. De hecho, Carlos Castán, que ha escrito el prólogo, la señala como “heredera de una tradición prematuramente precipitada al olvido”. En esa tradición resuenan voces como la de Juan Benet y sus geografías míticas, o los narradores realistas españoles de la segunda mitad del siglo XX, reconocibles en descripciones y diálogos. Pero también hay cabida para otros ecos que podrían parecer incompatibles con los anteriores, como la corriente de conciencia de una prosa más experimental, y aun tonos de la literatura hispanoamericana contemporánea.
Esa diversidad estilística es también estructural: la novela se construye en capítulos aparentemente independientes, que van imprimiendo una historia de crímenes rurales y personajes intensos, con cambiantes registros y puntos de vista que sirven también como reflexión sobre las fronteras entre realidad e invención. Quizá sea este fragmentarismo, no obstante, el eslabón más débil de la novela, porque se echa en falta que un libro con una voz tan llamativa en los tiempos que corren no termine de cohesionarse.

Por lo dicho en el prólogo y lo que se dijo en la presentación, cogí con bastante curiosidad el libro, y me lo leí en un periquete. Y como puede comprobarse por lo que escribí en El Periódico, me dejó sorprendido porque efectivamente es una novela atípica para lo que se lleva hoy en día. No sé cuánto influirá que Alfredo Mozas sea un autor primerizo –no es un término peyorativo, sólo descriptivo–, pero sospecho que ésa es una de las razones de que Beria sea una excepción.

Lo cual no significa que la novela sea irreprochable. Como ya decía en la reseña, creo que se va dispersando conforme pasan las páginas. Creo que el propio Alfredo Mozas confesó en algún momento de la presentación que ese fragmentarismo era buscado; pero no quiere decir que lo consiguiera finalmente. En todo caso, Beria y alrededores me parece un libro recomendable, y que merece la pena dedicarle algo del tiempo que, de otra manera, se perdería atendiendo a otras propuestas literarias mucho más modernas.

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