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Siempre me han gustado mucho los compendios y compilaciones, porque suelen venir bien como una primera referencia para cualquier tema que quiera tratarse. Por eso me llevé una grata sorpresa al conocer la existencia de una Historia de la filosofía y de las ciencias escrita por el padre Manuel Mindán. He de confesar que no tenía noticia ni del autor ni del libro y que al principio lo cogí con alguna reserva, empezando por el título, que es de un ambicioso para quitarse el sombrero; luego ya vi que era el título de la asignatura para la cual estaba destinado el libro. En fin, que me animé y escribí este comentario para El Periódico de Aragón:

La vocación docente del padre Mindán en su ‘Historia de la filosofía y de las ciencias’

La aparición en los quioscos de colecciones que rescatan los libros de la escuela de hace años es un medido ejercicio de nostalgia seguramente abocado al éxito comercial. Más enjundia intelectual tiene la recuperación de la ‘Historia de la filosofía y de las ciencias’ de Manuel Mindán (1902-2006), sacerdote calandino que publicó en 1964 este compendio para su uso en Bachillerato. El Instituto de Estudios Turolenses y la Fundación Mindán Manero han impulsado esta reedición con la que quieren recordar la figura de este discípulo de Ortega y Gasset y mentor de toda una generación de filósofos españoles como catedrático en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid.

La vocación docente del padre Mindán queda patente en este libro, tan ambicioso en su título –que responde a una asignatura curricular del Bachillerato de entonces– como sintetizador en su exposición. Resulta por un lado encomiable que unos planes de estudio tuviesen en cuenta la estrecha relación entre filosofía y ciencia, no siempre bien atendida; y por otro, admira también la capacidad del autor para hacer un resumen claro y comprensible de los distintos momentos de la historia de ambas disciplinas. Si ya es difícil de por sí una objetividad absoluta al explicar los fundamentos de las ideas humanas, la condición de sacerdote de Mindán influye evidentemente en su exposición de según qué sistemas filosóficos. Sin embargo, este libro tiene muy poco de doctrinario, y aun hoy mantiene su vigencia y utilidad como un resumen histórico abordable de las materias que trata. Aunque el tiempo no ha pasado en balde, tal vez la nota más añeja de la obra es la peculiar costumbre de españolizar los nombres citados, que hace que se hable de Manuel Kant o de Carlos Jaspers con una familiaridad casi entrañable.

Además del valor en sí de este libro, me pareció interesante resaltar –por llamarlo de alguna manera– un par de cosas. La primera, la presencia de la historia de la filosofía (y no digamos de las ciencias) dentro de los antiguos planes de estudio, sobre todo en comparación con el actual sistema educativo. Y la segunda, que fuera un sacerdote el encargado de hacerlo. Mucho me temo que en los tiempos actuales sacerdote se identifica inmediatamente con retrógrado oscurantista (también pederasta, pero eso es otra cuestión). Probablemente gran parte de culpa sea del propio estamento eclesiástico, pero este caso es un buen ejemplo de lo malos que son los prejuicios cuando se aplican a un individuo.

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