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De mis tiempos de estudiante arrastro un profundo y devoto respeto a los libros de la editorial Cátedra, y en particular los de su colección de clásicos hispánicos, esos de cubiertas negras que tan bien quedan cuando los pones todos juntos en una estantería. Yo siempre he pensado que llegaría un momento en que se les acabarían los títulos para la colección, si se ponen estrictos en lo de clásicos. Tal vez para curarse en salud la colección se titula globalmente Letras Hispánicas, y no Clásicos Hispánicos.

Pero en fin, aunque de vez en cuando salga en esta colección algún título que desentone un poco, hay otros casos en que las ediciones son mucho más interesantes. Es lo que pasa, o por lo menos me parece a mí, con la antologia de la poesía de José Moreno Villa con el bonito título de La música que llevaba, que el autor sacó de un verso de San Juan de la Cruz. En El Periódico de Aragón, yo escribí lo siguiente sobre ese libro:

Una antología desvela la voz depurada y original de José Moreno Villa
José Moreno Villa (1887-1955) es una de esas interesantes figuras que florecieron a principios del siglo XX en el ecosistema cultural español. Vinculado como muchos otros intelectuales de la época con la Institución Libre de Enseñanza, cronológicamente se sitúa justo antes de la generación del 27, aunque hizo buenas migas con muchos de sus integrantes, que supieron apreciar su labor como poeta. Pero además de escritor, fue pintor, crítico literario y de arte, y uno de los primeros intelectuales españoles en prestar atención al surrealismo. A pesar de su interés, la poesía de Moreno Villa no ha gozado de mucha popularidad, y salvo su libro de 1929 ‘Jacinta la pelirroja’, el resto de su obra permanece en un discreto segundo plano dentro de la historia de la poesía española contemporánea.
La editorial Cátedra contribuye ahora a desvelar la voz del autor publicando ‘La música que llevaba’, una antología poética que realizó el propio Moreno Villa a la que se han añadido algunos poemas de los últimos años de su vida para hacer más completa la panorámica. Se hace así apreciable la trayectoria estética del poeta, en cuyos versos de aparente ligereza es posible apreciar siempre la búsqueda de imágenes depuradas y originales, ya sea mediante un simbolismo que trasciende el modernismo, o con un popularismo del que García Lorca supo aprender mucho. Moreno Villa, además, se integró bien en las corrientes vanguardistas del momento, pero lo hizo de forma muy personal, evitando estridencias y logrando de este modo una poesía en la que la idea y la reflexión priman sobre el artificio formal. Seguramente por eso, y a pesar de ser un genuino representante de la ‘Edad de Plata’ de la literatura española, los versos de Moreno Villa no han perdido un ápice de su frescura, y mantienen todo su valor en el panorama de hoy en día.

Creo que la primera vez que leí algo de Moreno Villa fue en una antología de poesía de la vanguardia española que editó hace bastantes años Taurus. También recuerdo que fue uno de los poetas que más me gustó. Más tarde, en la benemérita librería de los hermanos Vidal de Zaragoza me compré una edición facsímil de Jacinta la pelirroja, en la que vi también una muestra de la faceta de dibujante/pintor del autor (bueno, antes había visto un dibujo suyo que Ignacio Prat incluyó en uno de sus libros, Así se hacen las efes). En la página web de la Residencia de Estudiantes hay una pequeña galería virtual de la obra gráfica de José Moreno Villa, de donde he sacado la imagen que acompaña estas líneas.

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