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Cuando me leí en su momento este libro, hace unos meses, me cabreé. No tanto por el libro en sí, sino por cómo se presentaba: unas Nuevas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, algo que seguro que despertaba la expectación de cualquier admirador del poeta sevillano (yo, sin ir más lejos, soy becquerófilo confeso). Sin embargo, lo que a priori podría haber sido una recuperación histórica se convertía, una vez leído el libro, en algo bastante menos espectacular. Pero algo de eso dije en la reseña que de este “hallazgo” escribí en El Periódico de Aragón:

La voz poética de Gustavo Adolfo Bécquer convierte sus traducciones en nuevas rimas
Intriga, curiosidad y sorpresa asaltan al lector desde la portada de este libro. Y no únicamente porque anuncia unas ‘Nuevas rimas’ de Gustavo Adolfo Bécquer, lo cual de por sí ya despierta expectación, sino porque además del autor y del editor de esta recuperación, Agustín Porras, aparece mencionada otra persona, Luis Valdesueiro, autor de la traducción. ¿Qué traducción?, se preguntará el lector curioso. ¿Acaso abandonó Bécquer el castellano para componer sus ‘nuevas rimas’ en otra lengua? La explicación es más sencilla, según explica Agustín Porras: los poemas recuperados son probablemente traducciones que Bécquer hizo de algunos textos franceses que su hermano Valeriano ilustraba, y en donde se incluían poemas. Y lo que Olifante ha hecho ha sido juntar las versiones originales de esos poemas con la traducción literal de Valdesueiro y la que en su momento hiciera Gustavo Adolfo. El resultado, evidentemente, queda algo alejado de lo que se promete en el título del libro, aunque no esté desprovisto de cierto interés.
Como suele suceder cuando los poetas se meten a traductores, en este caso cabría hablar más de versiones que de traducciones, ya que el autor recompuso los textos originales, prestando mayor atención al espíritu poético que al literal en más de una ocasión, como ponen de manifiesto las tres versiones ahora publicadas juntas. Es en esos momentos cuando puede rastrearse el parentesco de estos poemas con las Rimas becquerianas que todo el mundo recuerda; pero aunque el poeta Bécquer ceda su voz, ésta no deja de oírse como en sordina, reconocible sólo de cuando en cuando. De hecho, ni el propio Gustavo Adolfo pareció reconocerla, puesto que en el momento en que fueron publicados no firmó con su nombre estos poemas que ahora se anuncian, no sin cierta amplificación, como unas nuevas rimas.

Creo que las líneas precedentes exponían más o menos mi opinión sobre el libro. Lo que me dejé de decir ahí fue que la actitud del editor no me pareció la más ejemplar que digamos. Los datos que aporta en el prólogo para justificar el título de Nuevas rimas me parecieron más dignos de Iker Jiménez que de un estudioso serio. Y es que hay ocaciones en las que la afición no justifica ciertas alegrías. Los argumentos del editor cojean por todos los lados, y resultan insuficientes para llegar a las conclusiones a las que llega. Por lo visto, Agustín Porras tiene intención de continuar esta veta becqueriana, y asegura que seguirá publicando artículos sobre estas nuevas rimas próximamente. Sería deseable que sus próximas entregas no sean rentables solamente para él.

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13 pensamientos en “Gustavo Adolfo Bécquer: Nuevas rimas

  1. Estimado amigo:
    Leo con tristeza tu comentario acerca de la edición de unos poemas que, en mi modesta opinión, son obra de Bécquer. Tristeza no provocada, en absoluto, por la argumentación que lo sostiene sino por la gratuita descalificación hacia mí con que lo despachas.
    Es evidente que no aporto pruebas definitivas que demuestren su autoría (dejo eso, como digo en el breve prólogo que acompaña a la edición “de urgencia”, para futuros estudiosos), pero me pareció importante compartir con quienes se interesan por la obra del gran poeta sevillano el feliz hallazgo de una traducción en la que, bajo pseudónimo, creo ver nítidamente su mano.
    Quizá hubiese sido más prudente haberle añadido una enorme interrogación al título del libro, pero… son cosas que pasan.
    Siento, de verdad, que lo que me parece una interesante hipótesis sobre la que trabajar (y saludada con alegría por otros buenos aficionados y amigos, como Ángel Guinda, Luis Alberto de Cuenca o Fernando Ortiz) se interprete por tu parte de una forma tan hiriente. ¿A qué “rentabilidad” te refieres? Psicólogo de formación, jamás he recibido un céntimo de ninguno de los libros o artículos literarios publicados hasta la fecha.
    Muy posiblemente, debería ponerle algo más de freno a mi entusiasmo, pero no creo merecerme ese trato que me das.
    Atentamente:
    Agustín Porras

  2. Tengo la impresión de que el señor Porras difícilmente podrá negar que el título Nuevas rimas de G. A. B. es… cómo decir… ¿Sensacionalista? Quizás haya adjetivos más adecuados aún, ninguno de ellos con una connotación muy positiva, por cierto. Añado: también es imprudente. Muy imprudente. O muy osado, como se quiera (pero claro, “audaces iubat Fortuna”, eso debió de pensar quien intituló esta colecta, sea el propio señor Porras, sea sugerencia de ediciones Olifante). O bien, al contrario, muy ignorante. Ignorante de las cautelas que, en buen ley, deberían presidir estas sedicentes recuperaciones.

    Eso, de entrada. De seguida, que “otros buenos aficionados y amigos” saluden “con alegría” la edición no añade nada. Tanto daría que la saludasen directamente con alborozo. O con fuegos artificiales. Sobre todo cuanto en la tríada amical figura Ángel Guinda, tan vinculado con la editorial como poco vinculado con tareas de corte digamos filológico o histórico. Vamos, que citar a Guinda como “auctoritas” en estos casos es hacer un brindis al sol. En cuanto a Luis Alberto de Cuenca, en su faceta de publicista o de polígrafo es normal que le interesen estas cosas.
    Por último, me llama mucho la atención que el señor Porras entienda la familia léxica de rentabilidad como solamente relacionada con el dinero, con la pasta gansa, como se ve en su inserto. Hay muchos tipos de rentabilidad, para empezar la satisfacción personal. Y eso, como psicólogo, debería saberlo el señor Porras.
    Ah, por cierto. La reseña que salió en El Periódico y aquí se transcribe parece bastante ponderada. Al menos, lo es su tono. El resto, el delantal y el final que les pone el anfitrión aquí, son añadidos que sólo pueden verse en el blog, si no entiendo mal. Blog en el que su dueño tendrá derecho a opinar, digo yo, sobre todo si lo hace dando argumentos, como aquí.

  3. Estoy totalmente de acuerdo con el anterior comentario de Ángel, así que no voy a repetir cosas que ya ha dicho él, y que suscribo. No obstante, sí querría precisar algunas cosas a Agustín Porras:

    -mejor que “haber añadido una enorme interrogación al título del libro”, como dice, hubiera sido no titularlo “Nuevas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer”. La razón para mantener ese título, “son cosas que pasan”, va acorde con el resto de argumentaciones que da.

    -el entusiasmo siempre es bueno, pero no un eximente. No creo haber sido hiriente; en todo caso, cada cual debe asumir sus responsabilidades, y considero que el editor de ese libro tiene el trato que se merece. Así que de “gratuita descalificación” nada.

  4. Señor Miguel Ángel:
    Creí que mi anterior y educada respuesta a su injustificado ataque daría por resuelto este, para mí, desagradable asunto; pero de nuevo insiste usted, inexplicablemente, en sus gratuitas ofensas. Para colmo, esta vez se hace acompañar en su “piquete informativo” de un encapuchado que extiende sus insultos hacia otras honorables personas que nombré, dedicándose a tirarnos piedras al tiempo que esconde la mano. ¿A qué viene tanta saña, tanta mala baba?
    Pero ya veo que es inútil pedirle que rectifique esta incomprensible actitud, tan gratuitamente ofensiva.
    ¡Claro que puede que no sea Bécquer el autor de las traducciones! Aunque he dado argumentos suficientes con que poder defender su más que posible autoría (mientras que, por el contrario, salvo sus insultos, no veo que usted aporte una sola pista para justificar su “autorizada” sentencia recriminatoria), entiendo que habrá que seguir profundizando en ello. Precisamente por eso he dado (y daré) mis impresiones a quienes puedan estar interesados en ellas, ya que sólo conociéndolas se podrán aclarar algunas de las muchas lagunas que aún hoy existen. La historia de la literatura, y del arte en general, puede hacerse gracias a la sana discusión de hipótesis como ésta (cuántos cuadros se han atribuido a célebres pintores, para luego comprobar que fueron obra de alguno de sus discípulos, o viceversa). Lo que es evidente es que de los inquisidores de la libertad de pensamiento nunca surgió beneficio cultural alguno.

    Confío en que entienda algún día que no sólo usted está en su derecho de publicar lo que le venga en gana, dejando de calificar de “amenaza” el derecho que tengo de seguir publicando mis opiniones para hacerlas llegar a todos aquellos aficionados con los que hasta el momento vengo desde hace años compartiendo y disfrutando la vida y obra de este gran poeta sevillano (del que dice usted ser amante, por más que su descortés talante grita a las claras lo contrario).

    Ya le anuncio que no volveré a entrar en este foro, donde bien a las claras ha dejado usted su intención de agredir a quienes cometamos este “delito” de atrevernos a opinar libremente sobre cualquier asunto.

    Sin su permiso, y con todo mi pesar:
    Agustín Porras

    • Mira, Agustín Porras:

      en primer lugar, tranquilízate: yo todavía no te he insultado. Así que no levantes la voz ofendido por injurias que sólo tú ves. Aunque en eso de inventarte cosas ya has demostrado tener bastante práctica.

      Segundo, haz el favor de no desviar el tema: yo no he cuestionado que Bécquer sea el autor de esas traducciones. Lo que me parece vergonzante es que se llame “Nuevas rimas” a esas traducciones, justificándolo con una ligereza cercana a la desfachatez. Así que mi “ataque”, como tú lo llamas, no es injustificado, ni gratuito. Por cierto, que en tus respuestas hace tiempo que tú mismo has dejado de llamarlas “Nuevas rimas”, y hablas ya sólo de “traducciones”.

      Todo eso que dices de la historia de la literatura no es más que hueca palabrería, de la misma calaña que los argumentos que aportas para bautizar esos poemas como “Nuevas Rimas de Bécquer”. E igual de preocupantes son “los inquisidores de la libertad de pensamiento” como los que se dedican a mentir, como es tu caso. Por cierto, me parece que quien lleva mal la libertad de opinión eres tú, que saltas como un resorte cuando te ponen peros a tus invenciones y no te bailan el agua.

      Dices que no volverás a este blog. No creas que me importa, aunque no me lo creo.

      Ah, y otra cosa: según tú, ¿para leer a Bécquer hace falta tener un “talante cortés”? Sí, hombre, sí, y vestir levita y corbatín. Por favor.

  5. Señor Miguel Ángel Ordovás, chapó. Esta mañana he visto el librito y ha despertado mi curiosidad. Su precio y escasez de páginas me han hecho desistir de un posible pensamiento de compra. Realmente toda la publicidad que a esto se le está dando se me antoja bastante fraudulenta. Aquí he podido comprobar, de primera mano, que si no fraudulento, sí inexacto lo que su título publicita. Que se añadan los originales a las traducciones me parece perfecto, pero que otro autor incluya sus traducciones para ¿comparar?, una auténtica desfachatez.

    Saludos de un ferviente amante de Becquer (eso del genio sevillano ya me cansa).

  6. La historia se repite. La heteronimia se repite. Un tal quidam y otro tal Bert aparecen aquí identificados. ¡Será posible!
    Morenas dando dentelladas desde la profundidad del fango de la mala leche y de la marginación. Vean, vean la dilatada experiencia como escritores y críticos de esas dos morenas. A una de ellas ya la cansa el genio (por supuesto): nescencia necat.

  7. Leído en entrada muy reciente del blog que mantiene un prócer de la poesía en Aragón. Es una frase en la que se refiere a Agustín Porras, y supongo que la escribe el prócer del blog: “Amador y estudioso de Bécquer, descubrió recientemente unas rimas inéditas aparecidas en Olifante (2010)”.
    Caramba con lo de “rimas inéditas”, qué persistencia…

  8. es evidente que no esta la firma de Bécquer, pero igual que uno puede diferenciar la musica de chopin de la de Mozart, sin saber a priori de quien es, es muy evidente el sello de Becquer en esos poemas,y si a esto le añadimos que trabajó con su hermano y los libros fueron ilustrados por Valeriano, hay poco que decir, solo me queda decir que aquel que no vea el sello inigualable de Becquer en los poemas, no es un amante del corazon del poeta, solo de su fama, que son cosas distintas, cuando Becquer escribe no tiene igual, es un maestro de la expresion, del lenguaje, a pesar de que él mismo se quejaba de lo indomable del lenguaje, de la dificultad de dominarlo para poder expresar ese mundo interno que solo él conoció y solo el logró transmitirnos algunas pinceladas.
    Mi posicion es que esos poemas son de Becquer, la distancia entre los poemas y las traducciones es tal que pueden llamarse nuevas rimas, no habia nadie en aquella epoca que pudiera escribir así. saludos.

    • Hola, sr. Romero.

      La discusión no es si los poemas son o no de Bécquer, como quería desviar aviesamente el editor del libro. La cuestión es que llamarlos “Nuevas rimas” es desmesurado y engañoso.

      Para mí la distancia entre los poemas y las traducciones no es tan grande como dices, y en todo caso no se debe tanto al “sello inigualable” de Bécquer (por usar tus palabras) como a la manera en que se entendía la traducción en el siglo XIX, con parámetros muy distintos a como se hace hoy en día.

      Yo creo que donde sí que hay distancia es entre estos poemas y las Rimas de Bécquer. Puestos unos junto a las otras, la diferencia es evidente. Tanto como para que se puedan separar perfectamente, y para que merezcan cualquier título, pero no el de “Nuevas rimas”.

      Por otro lado, todo eso que pones de que “cuando Bécquer (con tilde, por favor) escribe no tiene igual”, etc, etc, etc, queda muy bonito, pero no aporta nada. En todo caso, agradezco que expongas tu opinión, aunque vaya en contra de lo que yo dígo. Parece que hay quien aguanta peor los comentarios contrarios.

      Un saludo.

      • que tal Miguel Ángel, bueno yo entendí mal la discusión, pues me centré en la autoría, si deben o no llamarse rimas, es algo mas difícil de decidir, porque solo he podido comparar dos poemas con el original,(asistí a una charla en sevilla este martes pasado) y no he llegado a comprar el libro, no obstante en esos que me pusieron como ejemplo había mucha distancia entre el poema y la traducción literal, posiblemente el autor eligió los mas apropiados, no lo sé, si la distancia es menor en los demás quizá no debería llamarle rimas, pero eso para mí es secundario, si el autor gana mas o menos dinero con ello también me importa muy poco, lo importante para mi es el descubrimiento de esos poemas de Bécquer, en ese sentido el autor debe estar orgulloso del descubrimiento.
        un saludo. Antonio

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