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Siempre me ha gustado la ciencia ficción, aunque no soy un lector asiduo de este género. Repasando cosas que he escrito en este mismo sitio, veo que de vez en cuando he hablado de algún libro que me ha gustado particularmente, como Todos sobre Zanzíbar o Recuerdos del futuro. Por mis labores de reseñista llegó a mi poder un curioso libro, que edita la editorial Nevsky Prospects, especializada en literatura rusa. Confieso que lo empecé a leer con cierto escepticismo, pero luego resultó que me gustó mucho. En El Periódico de Aragón saqué la siguiente reseña:

La utopía comunista que llegó desde Marte en una novela rusa de 1908
La lectura de ‘Estrella Roja’ produce un cierto vértigo: es una novela rusa de ciencia ficción publicada originalmente en 1908, cuando la revolución soviética aún no había triunfado, y que plantea una sociedad –la marciana– gobernada por el comunismo donde todo, o casi todo, funciona de manera mucho más eficiente. Lo que en el momento de su publicación era anticipación, en estos momentos es prácticamente arqueología. Sin embargo, esta circunstancia no le resta valor a la novela, que se lee con igual interés que los grandes clásicos de la ciencia ficción como Julio Verne. De hecho, es la fascinación que aún despiertan autores como Verne la que ha propiciado la aparición de un pseudogénero fantacientífico, el ‘steampunk’, donde quieren incluir a ‘Estrella Roja’ como uno de sus precedentes.
Cierto es que una de las grandes bazas de la novela es la descripción tecnológica de vehículos, aparatos y fábricas marcianas, que hoy resultan más verosímiles que los amplios panegíricos de la edénica vida de los proletarios del planeta vecino. Pero encuadrar ‘Estrella Roja’ dentro de esa corriente retrofuturista antes mencionada es reducirla únicamente a una de sus virtudes, y olvidar otras que posee. Porque su autor, Alexander Bogdánov, introduce elementos satíricos, alegóricos e incluso melodramáticos en la historia de un joven ingeniero que viaja a Marte invitado por los habitantes de aquel planeta, que cede sus asombrados ojos a los lectores para conocer la avanzada y utópica sociedad marciana e incluso ensaya relaciones sentimentales interplanetarias. Esta variedad, convenientemente sazonada por una brillante imaginación, la convierte en una novela muy interesante, y mucho menos desfasada de lo que pudiera pensarse. Al fin y al cabo, el hombre todavía no ha llegado a Marte.

Mientras leía el libro, las imágenes que me venían a la mente eran las de la película Aelita, un filme soviético de 1924 con el que la novela tiene más de un paralelismo. No es de extrañar que poco después de la publicación de Estrella Roja, Nevsky Prospects anunciase que también lanzaría la novela en la que está basada esa película (y que, por cierto, escribió un sobrino de León Tolstói).

Aelita (la película) tiene el encanto de las películas de ciencia ficción añejas, y no me refiero a las de serie B de los años 50, sino a obras como La mujer en la Luna o Metrópolis. Aun así, para sus escenas extraterrestres toma mucho más del futurismo ruso que del expresionismo alemán.

Las similitudes entre Aelita y Estrella Roja no se quedan solamente en que ambas son obras de anticipación. En ambas se plantea el peliagudo caso de relaciones sentimentales entre terrestres y marcianos (en los dos casos, él es terrestre y ella es marciana), y en ambas uno de sus protagonistas es ingeniero. Y tanto en una como en otra conviven con curiosa naturalidad los elementos fantásticos con un retrato bastante realista de las condiciones sociales del momento. O sea, que nada de literatura (o cine) de evasión.

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