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Como decía un veterano locutor radiofónico para introducir sus entrevistas, siempre es motivo de alegría la noticia del nacimiento de una nueva editorial. Y siguiendo lo que parece la tónica de hoy en día, ésta no está ni en Madrid ni en Barcelona: Contraseña proviene de Zaragoza, ardua ciudad para las empresas culturales.

He de decir que cuando cogí este libro tardé bastante en darme cuenta de que estaba publicado en Zaragoza. Tampoco ello influyó en mi juicio, o por lo menos eso creo. En El Periódico de Aragón escribí esto sobre él:

Los recuerdos de Poncio Pilatos en una pequeña joya de la narrativa breve
‘El procurador de Judea’ fue el título con el que hace unos pocos meses se estrenó Contraseña, una nueva editorial zaragozana que quiere buscar su hueco en el mercado apostando por la calidad de los textos que publica y de las ilustraciones con que los acompaña. Tanto en este primer título como en su lanzamiento más reciente, ‘Eugene Pickering’, un relato de Henry James ilustrado por Jesús Cisneros, han hecho gala de esa vocación.
El personaje al que alude el título del cuento no es otro que Poncio Pilatos, quien en su otoñal retiro de la isla de Sicilia rememora con un amigo los días pasados en Judea ejerciendo como prefecto o procurador. A pesar de que el desenlace se ve venir desde lejos –y a esto contribuye el texto de la contraportada del libro, tal vez no el más apropiado si se quería mantener la ‘intriga’–, Anatole France lo resuelve con una gran elegancia. No es pues completamente exagerada la afirmación de Leonardo Sciascia, quien contribuyó a recuperar el cuento al traducirlo al italiano en 1980, y que lo señaló como “uno de los más perfectos del género” en un texto que oportunamente se recoge en esta nueva edición.
Pero aunque parte de la brillantez del relato proviene de su final, éste no se sostendría sin el buen desarrollo que Anatole France sabe imprimir a la narración. Es evidente que el autor se documentó con aprovechamiento para recrear las conversaciones entre Poncio Pilatos y su amigo Elio Lamia, y consigue un tono que ‘suena’ a latín clásico, y que la traducción ha sabido mantener bien. También es muy conveniente la recuperación de las ilustraciones con que Eugène Grasset acompañó la edición original de 1902, y que por cierto contrastan llamativamente con la portada que ha realizado el ilustrador zaragozano Alberto Aragón para ésta.

Ya digo que ahora parece que la moda es fundar editoriales en provincias, editoriales con un decidido carácter elitista tanto en sus fondos como en su presentación. No me parece una mala opción si se quiere sobrevivir en un mercado tan revuelto como el de los libros. Aun así, en el caso concreto de este libro hay un detalle que me parece ya un pelín excesivo, en cuanto a ese elitismo: la forma en que está escrito el nombre de uno de los protagonistas,  Ælio Lamia, así con ‘Æ’. No dudo de que es una letra latina, y estoy convencido de que en el original Anatole France lo escribiría así; pero durante la lectura del relato a mí me resultó algo chocante. Seguramente son rarezas mías, e incluso la Wikipedia tiene que decir lo suyo al respecto.

Esta curiosa letra, por cierto, tiene en su versión francesa un peculiar protagonismo en una canción de Serge Gainsbourg. Durante mucho tiempo la he tenido repicando en la cabeza, así que aprovecho para ponerla (además, es que me gusta bastante):

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Un pensamiento en “Anatole France: El procurador de Judea

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