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Mi interés por la literatura más actual es bastante escaso; pero tampoco desdeño la oportunidad de asomarme a la actualidad de lo que se escribe ahora mismo. Es lo que me sucedió cuando llegó a mis manos Teoría de todo, vía Tropo Editores. Me lo leí, y esto fue lo que del libro dije en El Periódico de Aragón:

Paula Lapido esboza una teoría que aún está esperando su demostración
Los protagonistas de los cuentos de ‘Teoría de todo’ son en su inmensa mayoría –por no decir todos– personajes que arrastran una existencia de ficción nada halagüeña. Frustrados, desencantados o simplemente descontentos ante sus vidas, su creadora Paula Lapido tampoco parece tener intención de mejorársela, ya que opta en la mayoría de los relatos por un final abierto, para que sea el lector quien complete la trayectoria poniendo su punto final, si tiene a bien. Estos finales sin conclusión son una característica que casa bien con la forma de narrar que demuestra la autora, que parece más interesada en el retrato de sus personajes que en lo que les acontece a su alrededor.
Bien es verdad que cuando esos personajes son o parecen ser originales, como el repelente niño que canta las notas musicales que escucha, o el señor Blosen que vive en los servicios de un restaurante, salen más redondos que cuando el protagonista es Spiderman, el hombre lobo o ese niño prodigio a quien la fama, la edad y el hastío han erosionado, a los que no acaba de cogerles el tino. El estilo pretendidamente cínico y desgarrado que por cierto se nota en estos relatos, que de tan moderno que es se ha quedado ya acartonado, no ayuda a darles más cuerpo a sus historias. De este modo, en el libro alternan los relatos que se leen con interés –como los primeramente citados, o el que cierra el volumen, ‘Setas venenosas’–, y los que muestran a una escritora que aún busca su voz.
Como sabe bien Paula Lapido –es física de formación–, la Teoría de Todo es justamente eso, una teoría muy interesante pero que todavía espera a ser demostrada para dejar de ser una bonita fantasía. Algo similar le sucede a esta autora, que apunta maneras pero todavía está esperando su demostración certera.

Como puede comprobarse, a mí personalmente el libro no me entusiasmó. Aunque puede que lo que menos me gustase fuera el mismo título: me da la sensación de que está muy traido por los pelos, por mucho que tanto la autora como la prologuista del libro Patricia Esteban intenten justificarlo. Y es que apelar al lenguaje científico –tan de moda ahora, por cierto– para titular un libro le pudo quedar muy bien a Michel Houellebecq en Las partículas elementales, por ejemplo. Pero no siempre va a funcionar.

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