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De la poca confianza que me da la literatura estrictamente actual es prueba mi obstinación en reseñar libros clásicos, o casi. Aunque también influye que cuando visito la redacción de El Periódico suelo hacer acopio de libros que, en principio, son los que menos tirón tienen entre el personal (siempre hay excepciones, claro). En esta ocasión reincidí con la editorial Cátedra y su colección Letras Universales para hablar de Las aventuras de Roderick Random, de Tobias Smollett. Aquí va la reseña:

Un escocés del siglo XVIII retoma la tradición picaresca con mirada satírica
Bucear en la larga genealogía de la novela es siempre interesante, ya que sirve para encontrar parentescos, herencias, confluencias e influencias que ayudan a comprender mejor este género. Esto sucede, por ejemplo, con ‘Las aventuras de Roderick Random’, una novela escrita por el escocés Tobias Smollett en 1748 que ahora edita Cátedra en su colección Letras Universales. La obra forma parte de la tradición picaresca, aunque de ‘segunda generación’, como indica su propio autor al señalar al ‘Gil Blas’ de Lesange como influencia más clara. Aun así, su estructura tiene un corte muy reconocible, y es la historia de un personaje que narra él mismo sus peripecias y su progresión social, aunque en este caso cabría mejor hablar de vaivenes. No obstante, ni Roderick Random es Lázaro de Tormes, ni la intención de Smollett es tan claramente moralizadora como la que tuvo Mateo Alemán en su ‘Guzmán de Alfarache’.
La obra, además, tiene alguna característica que la hace interesante. Por ejemplo, su ritmo trepidante, que la convierte en una entretenida novela de formación beneficiada por una continuada y acelerada sucesión de peripecias que apenas dan tregua al lector, y que hacen muy llevaderas sus casi 600 páginas. En esa acumulación hay cabida para todo tipo de acontecimientos: en su periplo vital, Roderick se embarca en varias singladuras marítimas, a cual más desastrosa; se alista como soldado en el ejército francés y participa en la Guerra de los Siete Años; se mezcla con la clase privilegiada londinense fingiendo ser un caballero acomodado; y visita la cárcel en diversas ocasiones. Smollett da rienda suelta en todo momento a una veta satírica y caricaturesca que en ciertos momentos se vuelve grotesca, y que trae consigo una visión nada compasiva de su época y de su sociedad.

Es curioso que un género como la picaresca, que parece genuinamente (y también tópicamente) español haya tenido bastante influencia en literaturas procedentes de culturas más serias que la nuestra (por supuesto, aquí hablo también desde el tópico). Los ingleses, tan flemáticos ellos, sacaron buen jugo de la tradición picaresca: no sólo Smollett, sino también Daniel Defoe o Henry Fielding, amén de otras influencias más tangenciales, como Barry Lyndon, de Thackeray (obra de la que es difícil encontrar una rápida referencia directa en Internet; no sucede lo mismo con la versión cinematográfica que dirigió Kubrick en 1975).

Entre las novelas picarescas no españolas, los que ya tenemos nuestros años seguramente recordaremos otra, El aventurero Simplicissimus, obra del autor alemán Grimmelshausen. Y no tanto por haberla leído, sino por haber visto la adaptación televisiva que hicieron hace décadas. Tampoco he podido encontrar mucha información de esta serie en la red, pero tras un poco de surfin’ www he dado con un sitio de donde he rapiñado esta imagen con la que cierro:

Un pensamiento en “Tobias Smollett: Las aventuras de Roderick Random

  1. Pingback: 16 de marzo « ¿Qué escritor nació el…?

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