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Como fiel seguidor que soy de la editorial Nevsky Prospects, cuando tengo ocasión de hacerme con uno de sus libros lo hago, y no suelen defraudarme cuando los leo. El que he reseñado más recientemente fue escrito por Andréi Bieli, un autor que ha pasado al recuerdo literario porque Vladimir Nabokov citó una de sus novelas como una de las grandes de toda la literatura del siglo XX.

Desde luego, hay que ver muchas veces cómo es de caprichosa la fortuna. Yo estoy convencido de que Nabokov, que tenía muy buen ojo literario pero también era muy puñetero, nombró la novela de Bieli como “una de las cuatro grandes obras maestras de la novela del siglo XX” para darle algo de elitismo a su sentencia. Los otros nombres eran bastante más previsibles: Joyce, Kafka y Proust; añadiendo a Bieli le daba más tono erudito a su opinión, y además con un ruso. En fin, la cuestión es que gracias a su paisano, Andréi Bieli es más conocido. Yo confieso que no lo conocía antes de leerme el libro que ha editado Nevsky Prospects. Esto fue lo que dije de él en El Periódico de Aragón:

La caleidoscópica afirmación del ’yo’ en una extraña novela de formación
Como dice James Womack en la introducción a ‘Yo, Kótik Letáiev’, a su autor Andréi Bieli (1880-1934) la fama le viene un poco de rebote, después de que Nabokov citara otra de sus novelas, ‘Petersburgo’, como “una de las mayores obras maestras del siglo XX”. Para bien o para mal, la opinión del autor de ‘Ada o el ardor’ ha influido en el recuerdo que se tiene de Bieli, quien no obstante dejó una extensa obra en la que puede encontrarse tanto novela como poesía.
La editorial especializada en literatura rusa Nevsky Prospects acaba de editar ahora ‘Yo, Kótik Letáiev’, una de esas novelas de Bieli desconocidas para el gran público, que se publicó por primera vez en 1916. Los editores justifican haber añadido al título original el pronombre ‘yo’ para confirmar que se trata del nombre de una persona. Pero no es un añadido nada superfluo, ya que la novela es precisamente eso, la reafirmación de un yo, de Kótik Letáiev. En sus páginas, Bieli trasciende ampliamente la base autobiográfica y reproduce las percepciones de su protagonista desde antes incluso de nacer hasta que apenas alcanza la plena niñez, en lo que se traduce como una de las novelas de formación más alucinantes que hayan sido escritas. Renunciando prácticamente a construir una trama lineal, el libro se construye de manera laberíntica al ritmo de los pensamientos de un Letáiev que apenas necesita corporeidad propia para definir el mundo que le rodea, tanto el físico como el intelectual.
Pocas veces el adjetivo ‘caleidoscópico’ ha venido tan bien para definir una novela como esta, en la que las descripciones de sensaciones confluyen con los recuerdos y las imágenes sin dar apenas respiro al lector, que debe sintonizar con el pulso de la obra para degustar con pasión unas páginas tan extrañas como fascinantes.

Ciertamente, esta novela de Bieli es desconcertante, lo cual por supuesto no constituye un defecto, aunque a veces el lector se pierda un poco en ese flujo continuo que recorre las páginas. Su lectura a mí me hizo recordar a Huysmans y su À rebours. Ambas novelas tienen grandes diferencias, pero en las dos se dan esos grandes itinerarios mentales de sus protagonistas, que son los que en realidad hacen avanzar la narración, si es que la hay. Una novela singular, a la que merece la pena echarle un vistazo.

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