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Así como hay libros que destacan por su impacto, por cómo sacuden al lector, hay otros –como éste– que destacan precisamente por lo contrario. En algún momento me pregunté por qué me estaba leyendo esta novela, escrita por un autor del que no sabía nada, y que trataba temas tan alejados de mis intereses habituales. Pero por otro lado, no me pareció un mal libro; de hecho, le hice una reseña en El Periódico de Aragón, y dije esto de él:

El final de una época narrado con los colores suaves de una acuarela
Conforme va avanzando en las páginas de ‘Princesas’, la novela de Eduard von Keyserling que Nocturna Ediciones lanzó hace unos meses, el lector tiene la impresión de que está entrando en un mundo etéreo e inasible, como si no existiera en realidad. Seguramente los propios contemporáneos de von Keyserling, que publicó por primera vez esta obra en 1917, tuvieran una impresión parecida; en esos momentos, el mundo que dibuja el autor se estaba ya desvaneciendo sin remedio bajo el empuje de la Primera Guerra Mundial y el desmantelamiento del Imperio alemán.
Queda por saber si von Keyserling era plenamente consciente de este final de una época, y si la serenidad con la que escribe la historia de la princesa Adelheid von Neustatt-Birkenstein y sus tres hijas es la del enfermo que sabe que su mal no tiene ya remedio. Porque a diferencia de otros escritores alemanes coetáneos que expresaron el profundo desasosiego de su tiempo, la prosa de este autor es suave, sosegada y como dicha a media voz.
No quiere decir esto que ‘Princesas’ sea una novela blanda o intrascendente; von Keyserling tiene muy buena mano con sus descripciones, ya sean de escenarios como de personajes. Sin embargo, estos retratos o paisajes parecen hechos con acuarela, o con cualquier otra técnica que reproduzca colores suaves, lejos de cualquier expresionismo. Cuando uno de estos personajes se sienta a tocar el piano, escribe el autor: “Tocó muy suave y tiernamente, y con el contenido júbilo de la melodía se mezcló el apasionado silbo de un estornino posado en el castaño frente a la ventana”. Ese tono de sentimientos intensos pero mitigados recorre toda la novela, que deja un regusto de melancólica aceptación de la derrota, de entereza mientras se espera que llegue el crepúsculo de los días felices.

Seguramente lo que me atrajo más del libro fue esa serenidad de la que hablaba en la reseña, en esos escenarios de palacios majestuosos y sosegados. Precisamente el verano pasado, cuando anduve de vacaciones por Alemania, estuve en el palacio de Sanssouci que mandó construir Federico II de Prusia en Postdam, cercica de Berlín. Su recuerdo me sirvió para ubicar las escenas de Princesas, aunque la novela de von Keyserling está ambientada más al norte, en parajes bálticos. Aquí van algunas de las fotos de turista que eché en aquel lugar:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(y sí, en cierto modo esta entrada la he hecho para poner fotos de mis vacaciones, como hace cualquier hijo de vecino).

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