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Varias cosas me atrajeron de este libro desde el principio. En primer lugar, la portada, que reproduce un cartel del gran Julio Romero de Torres; luego, el autor, Rafael Torres (quien, por cierto, creo que no tiene nada que ver con el anterior); y finalmente, el tema. Así que lo cogí con ganas y escribí esta reseña, que apareció publicada como siempre en El Periódico de Aragón:

Retrato en negativo de la historia contemporánea de España
Unamuno no la inventó, pero sí que le dio nombre: la intrahistoria es la historia que permanece al lado –muchas veces al margen– de la Historia con mayúsculas, y que se refiere no a los grandes hechos, sino al devenir cotidiano de las gentes anónimas. Más querida por los escritores o los periodistas que por los historiadores, la intrahistoria ha servido como base a muchos libros, de los que este ‘Españoles. Viaje al fondo de un país’ es quizá la más reciente entrega.
Rafael Torres ha elegido a una veintena larga de personajes reales que vivieron durante el siglo XIX y el XX para contar sus hechos, de manera que ese relato sirva también como reflejo para plasmar una época y una situación, la de la España contemporánea hasta prácticamente nuestros días. Pero la imagen que se saca de esas vidas poco tiene de ejemplar. En esa mirada poco complaciente la mano del autor ha resultado decisiva, ya que Rafael Torres no ha escogido existencias meramente anónimas, sino profundamente marcadas por la adversidad. Por ello, la impresión final que se saca de este libro es la de un retrato en negativo, y nunca mejor dicho, de la más reciente historia española.
Torres se ha documentado bien para ‘resucitar’ a estos hombres y mujeres que sufrieron en sus carnes la suerte de ser españoles, y el libro incluye fotografías de los protagonistas y de documentos relacionados con ellos. Sin embargo, el autor acierta más cuando deja que sea el escritor quien tome la voz, y quizá algo menos cuando se mete a historiador o sociólogo. No obstante, es posible encontrarle un meritorio parentesco cercano a otros escritores –como los de la generación del 98, cuyos ecos planean a lo largo del libro incluso en el estilo de Torres–, que también se preguntaron amargamente por la esencia de ser español.

El libro es interesante, aunque creo que a su autor se le nota demasiado la tesis que quiere demostrar. Lo cual en sí no es un defecto, a no ser que, como decía en la reseña, quiera sacar conclusiones de historiador o sociólogo, a las que el alineamiento ideológico no suele irles muy bien. A mí, personalmente, lo que más me gustó del libro fueron las historias en sí, despojadas del mensaje con el que a menudo las acompaña Torres. Desde luego, este es el tipo de novelas históricas que prefiero leer.

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