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Gracias a las anchuras de internet he podido ahondar en la figura de Raymond Scott, un músico del que ya tenía noticia, pero cuya trayectoria completa merecía la pena conocer.

Yo a Scott lo recordaba sobre todo como el compositor de Powerhouse, una pieza que le sonará a todo aquel que en algún momento haya gozado de los dibujos animados de la Warner. Bien es cierto que lo que más se conoce es la versión de Carl Stalling, el habitual compositor y arreglista de estos dibujos. Pero vayamos por partes. Ésta es la Powerhouse “original”, una pieza cargada de swing que aquí interpreta el propio Raymond Scott con su quinteto (que, curiosamente, eran seis):

Y aquí hay una recopilación de algunas de sus apariciones en los dibujos de la Warner, con los arreglos de Carl Stalling:

Solamente por esto, Raymond Scott ya podría haber pasado a la historia de la música (por lo menos a la del siglo XX) sin ningún problema. Pero es que, al contrario de lo que decía Porky al final de esos dibujos, eso no es todo, amigos. Este hombre era un artista inquieto y heterodoxo, que concebía la música de una manera bastante peculiar. Aunque los críticos no parecían estar de acuerdo con él, la popularidad de algunas de sus composiciones compensaron ese desacuerdo.

Además, a mitad de los años 40 comenzó a interesarse de verdad por la entonces rarísima música electrónica. Así puso en marcha Manhattan Research, una especie de laboratorio dedicado a investigar la música electrónica, con composiciones originales e instrumentos de su propia invención. Aunque algunas de esas exploraciones se internaban en territorios difíciles, de ahí salieron también texturas sonoras tan sorprendentes (y más teniendo en cuenta que se grabó en 1959) como este Cindy Electronium:

Tal vez a algunos este tipo de música les sonará a la maravillosa Delia Derbyshire y al BBC Radiophonic Workshop, pero Scott llevaba trabajando con esos sonidos sintéticos antes de que dicho taller se hubiera comprado siquiera los cables para montar sus máquinas. Fue un verdadero pionero e inspiró (dicen) al propio Robert Moog para que éste desarrollara sus celebérrimos sintetizadores.

Raymond Scott siguió trabajando en sus dos vertientes, la “acústica” y la electrónica, e incluso lo fichó Berry Gordy, el dueño de la mítica Motown, para que desarrollara en esa discográfica su sapiencia como músico electrónico.

Otro de sus proyectos en este campo fue Shooting Sound for Babies, tres discos que publicó en 1964, y que recogían piezas musicales para hacer dormir a los niños de uno a 18 meses. Por lo visto no tuvo mucho éxito con esta intención, pero años después ha habido gente que señala esta obra como el origen del ambient y de ciertas corrientes musicales minimalistas, adelantándose a nombres como Brian Eno o Kraftwerk. Aquí hay un ejemplo:

Raymond Scott murió en 1994, cuando tras unos cuantos años de oscuridad volvía a reconocérsele como el gran creador que era. Desde entonces, una página web “oficial” se ha encargado de dar a conocer su vida, su obra y su legado, y muchas otras le han rendido homenajes de mayor o menor envergadura. Como ésta misma.

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