Para mi entrega semanal de comentarios literarios en El Periódico de Aragón, el pasado jueves elegí un libro de Francisco Mora titulado Cómo funciona el cerebro. Evidentemente, los comentarios que pueden hacerse de una obra como ésta son muy diferentes de los que genera un libro de poesía, de relatos, o una novela. Sin embargo, a mí me parece que está bien hacerle una recensión, porque no todo tiene que ser literatura en la biblioteca de cada cual. Este libro, aunque a primera vista pueda parecer que no, podría ser una buena lectura veraniega. Esto fue lo que escribí sobre Cómo funciona el cerebro:
Una guía que ayuda a conocer mejor el cerebro y a usarlo un poco más
En el prólogo a ‘Cómo funciona el cerebro’, su autor Francisco Mora comenta el éxito que ha tenido este libro, corroborado por la nueva edición aumentada y actualizada que Alianza Editorial ha publicado recientemente. Ese éxito era no obstante más que previsible, teniendo en cuenta que la sociedad parece cada vez más interesada en las obras de divulgación científica, y más si se ocupan de temas tan seductores como este.
También explica Francisco Mora el origen del libro: un curso impartido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, al que asistieron “médicos generales, profesionales de enfermería, psiquiatras, psicólogos, filósofos, biólogos, algún ingeniero y un largo etcétera de gentes motivadas por conocer algo más de cómo funciona el cerebro”. Debido a esa heterogeneidad de público, el autor ha renunciado conscientemente a adentrarse en complejas explicaciones, en favor de una descripción seguramente básica para un especialista, pero con la claridad suficiente para ese largo etcétera que menciona.
Ciertamente, pocas personas habrá que no encuentren en las páginas de ‘Cómo funciona el cerebro’ algún tema de interés. El autor comienza su recorrido explicando el funcionamiento fisiológico del cerebro, ese mecanismo sorprendente que Cajal desentrañó. Posteriormente, va deteniéndose en algunos procesos cerebrales, desde los de ‘mantenimiento’ como el sueño y su función hasta los sensoriales y perceptivos. Pero seguramente los capítulos que se leen con mayor interés son los dedicados a temas como la conducta, la conciencia, las emociones, la creatividad o la inteligencia; es decir, conceptos que son esenciales para nuestra definición como humanos. Francisco Mora acompaña sus explicaciones de casos y ejemplos concretos que ayudan a entender mejor el funcionamiento del cerebro, y que incluso animan a usarlo un poco más.
Como siempre, la información puede consultarse también en la página web de El Periódico de Aragón: Una guía que ayuda a conocer mejor el cerebro y a usarlo un poco más ( El Periódico de Aragón – 02/07/2009). Espero que a algún lector le pique la curiosidad. Sé que alguien sabrá apreciarlo.






Rétif de la Bretonne fue un personaje peculiar: para combatir la Justine del marqués de Sade, que consideraba un monumento a la perversidad, se le ocurrió escribir otra novela titulada ‘La Anti-Justine’, todavía más desaforada que la primera. Tuvo una vida azarosa y fue asiduo de la noche parisina, un gusto que sumado al de escribir trajo consigo ‘Las noches de París‘, crónica noctámbula y en primera persona de la vida parisiense de finales del siglo XVIII.
Manuel Derqui (1921-1973) fue un escritor que no tuvo suerte ni siquiera para ser desconocido. No puede decirse que fuera un autor marginal o maldito, ya que en vida publicó un buen número de artículos y relatos, en revistas y periódicos locales sobre todo. Y también formó parte de interesantes iniciativas culturales, como la revista Ansí. Sin embargo, su integración en el canon de la literatura contemporánea en Aragón (el canoncico, podría llamársele) se ha quedado siempre a medias. El ejemplo más claro de ello es su novela Meterra, mucho más citada que leída, y que todavía está esperando una reedición desde que Planeta la publicara en 1974. Ahora, la justa recuperación de Derqui da un paso más, con la edición de Todos los cuentos del autor que ha publicado la Colección Larumbe de textos aragoneses.
Cuando Mariano Castro escribe “He visto una luciérnaga; quiero decir, solo su luz”, está exponiendo prácticamente entera una poética. Si no de toda su poesía, por lo menos sí de El pájaro y la piedra, el libro que recientemente ha publicado con Prensas Universitarias de Zaragoza. En este único verso que forma el poema aparecen los elementos que recorren todas las páginas del libro: la visión de la luciérnaga, o sea, de la naturaleza viva; la luz, que sirve para que los ojos (otro elemento constante en el libro) puedan certificar la existencia de esa realidad; y ese quiero decir con el que el poeta demuestra su anhelo de decir el origen secreto de las palabras, pero también su dificultad para conseguirlo.