Lo que tiene la Expo es una abrumadora oferta para un número limitado de horas. Todos quieren que haya cola delante de sus pabellones; unos lo consiguen, y otros no.

Entre los que no, está el pabellón de las artes (o algo así), que no acaba de tener mucho tirón por parte de los expoturistas. Y eso que ponen alicientes para que la gente entre. Véase:

Pues no, oiga. Ni aun así entra el personal. Y eso que más relacionada con el agua no puede estar la cosa…

El 28 de junio, la Expo consiguió batir una marca, con más de 50.000 visitantes sólo por la mañana. Por supuesto, uno de ellos era yo, que conforme me acercaba y veía las colas en los tornos, estuve tentado de coger de vuelta el mismo autobús que me había traído, y huir así de tantísima multitud.

Sin embargo, al final me quedé, aunque lo que más hice fue deambular de aquí para allá. Lo cierto es que, con tanta gente, la auténtica exposición estaba fuera de los pabellones. Conforme se acercaban las 12.00, hora en la que el Circo del Sol hace su cabalgata todos los días, el personal se fue colocando estratégicamente para verlo (la verdad es que está bien el espectáculo que hacen). Entonces, aprovechando que mi móvil puede hacer fotos panorámicas, saqué esta imagen:

(Si se pincha en la foto, se puede ver más grande, para comprobar la cantidad de gente que había, así como mi poca pericia para hacer casar las imágenes que forman la panorámica).

El pasado domingo estuve viendo por la tele el partido entre España e Italia, junto a unos cuantos millones más de personas. Puse la TDT, y palante.

Lo malo es que hay mucha gente que todavía ve la tele analógica, y ésta va unos segundos adelantada a la digital. Con lo que, mientras yo veía un acercamiento al área italiana con posibilidad de peligro, en otras casas ya se había gritado el ¡uyyyyyyy! Solución: yo me cambié también a la analógica, para ir acompasado con el tiempo real.

En resumidas cuentas, que la tele analógica ha pasado de cuartos con más soltura que la digital.

Yo mismo, al igual que la TDT, he ido con retraso comentando esto. Ya he leído alusiones al tema en Microsiervos, que a su vez enlaza con este otro blog, Entropía, donde aprovechan para hablar más largo y tendido sobre las diferencias entre analógico y digital.

El lunes 15 se presentó dentro de la Feria del Libro de Zaragoza un volumen de relatos, bajo el nada rebuscado título de Narradores I. Lo han editado la Asociación Aragonesa de Escritores y el Gobierno de Aragón, y recoge a once autores, uno de los cuales, mire usté por dónde, soy yo.

El resto de los autores incluidos son, por orden de aparición –que es también el alfabético– Pepe González, Cristina Grande, Rafael Hidalgo, Roberto Malo, Eva Puyó, Aloma Rodríguez, Míchel Royo, Maribel Sabariego, Teresa Sopeña y Julio C. Valero. Como puede observarse, forman (formamos) un grupo estimulantemente heterogéneo. Además, el que seamos once ha hecho imposible la sacrosanta paridad, cosa que por otra parte me alegra (y no porque seamos más los chicos que las chicas).

La edición está bien, salvo por un pequeño detalle: el cuerpo de la letra es más de nota a pie de página que de texto, y eso no invita a la lectura. Ésta es la portada:

Tras la presentación, el director del Centro del Libro de Aragón, José Luis Acín, me aseguró que el libro se pondría a la venta en librerías, cosa que me parece muy bien, porque muchas veces las ediciones institucionales no suelen pasar de los almacenes de dichas instituciones. Pero como yo soy de la cultura del “a ver si lo encuentro por internet”, y para probar si efectivamente WordPress te deja subir PDFs sin problema, se me ha ocurrido colgar mi relato para quien se lo quiera leer. Ahí va (ah, y se admiten comentarios):

peri-phainomena

Entre el marasmo Expo, la publicación de este libro no ha tenido mucho eco en los medios. Hoy, en El Periódico de Aragón, ha salido algo:

Las nuevas generaciones de las letras aragonesas se abren camino ( El Periódico de Aragón - 18/06/2008 )

Ayer, día de la apertura oficial de la Expo, ya estuve. De hecho, me hice una verdadera jornada intensiva, recorriendo pabellones y visitando plazas temáticas, recintos, torres del agua y pabellones puente.

Claro que, entre tanto recorrer, en algún momento de la jornada te asalta la necesidad. En ese caso, no hay problema, porque los servicios están perfectamente indicados. He aquí una muestra:

(claro que habrá quien piense que con las expectativas de público creadas, a lo mejor era más conveniente poner más de un water. Pero bueno, Fluvi sabrá lo que se hace).

Bueno, pues parece que la cosa ya va en serio.

Hoy, a las 19.30 horas, presentamos en el Centro de Historia de Zaragoza el documental Zaragoza Poética, el primer proyecto realizado por la Asociación Cultural Tresversos que, por esas circunstancias de la vida, presido.

Se trata de un videodocumental en el que hemos recogido la intervención de cerca de 90 personas, que recitan ante la cámara los poemas que ellos mismos han elegido. Para ello, hemos contado con la colaboración de algunos poetas zaragozanos, pero lo que realmente nos interesaba era convocar a gente que, en principio, no tuviera que ver demasiado con la poesía. Aquí pongo un pequeño muestrario de quienes han participado:

La gracia era demostrar que la poesía está más metida en la sociedad de lo que parece. Y yo creo que lo hemos conseguido.

Además del pase de esta tarde en el Centro de Historia, Zaragoza Poética se proyectará durante la Expo, en el pabellón de Zaragoza. Pero para quienes quieran verlo con tranquilidad, la oportunidad de hoy es excelente.

Hay más información sobre este proyecto, y sobre la Asociación Cultural Tresversos, aquí.

Ya está en marcha la Feria del Libro de Zaragoza, en la cual participo. El domingo 8 de junio estaré por la mañana firmando ejemplares de mi libro Vísperas de nada en la caseta de Libros Certeza, que fue quien cometió el error de publicarlo. Aquí se me puede ver todo ufano con el libro (es una foto de archivo, ahora me he quitado la perilla):

Luego, el viernes 13 de junio estoy presentando el libro Te daré la tierra, una novela histórica de Chufo Lloréns que, según parece, está siendo todo un éxito de ventas en las librerías. La verdad es que no sé la hora exacta, pero imagino que será a las 19.30 o las 20.00.

Y por último, el lunes 16 se presenta una antología de narradores aragoneses en la cual estoy incluido. Tampoco sé la hora, y me remito al párrafo anterior.

Anda, que para estar semirretirado de la literatura, hay que ver lo que cundo.

Siguiendo con el advenimiento de Vinton Cerf en carne mortal a Zaragoza que tenemos estos días, ayer fue investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza.
Yo estuve invitado al acto, una ceremonia llena de pompa y circunstancia, con latines, la gente vestida con toga y birretes, y al final cantando todos el Gaudeamus Igitur. Y claro, luego hubo cuchipanda.
La comida fue bulliciosa, y alguno dijo que parecía una boda (de hecho, los dos doctorandos tenían sus respectivos padrinos). Tras los postres, hubo palabras de los galardonados. Pongo las que dijo Vinton Cerf, grabadas vía móvil para la posteridad. No es la mejor calidad, pero peores cosas nos endilgan en ciertos programas de televisión como reportajes:

Pues eso: ¡salud!

(Por cierto, esto también lo he puesto en Zaragoza Directo).

Hoy ha sido un día de esos en los que he estado a gusto trabajando: he tenido la oportunidad de entrevistar a Vinton Cerf, que el viernes es investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza.

Vinton Cerf fue quien desarrolló el protocolo TCP/IP, gracias al cual existe internet. De hecho, mucha gente lo considera el padre de internet, aunque él mismo aclara que, desde luego, no fue el único. Y por si eso fuera poco, ahora es vicepresidente de Google.

Creo que nunca había estado junto a una persona decisiva en el progreso humano, como lo he estado hoy. Además, Vinton Cerf me ha parecido una persona encantadora, sensata e inteligente. Por no hablar de su elegancia y apostura, junto a las cuales yo quedo como un gañán. Como no tengo vergüenza, aquí va una imagen que lo corrobora:


¡Ay, si me ve mi madre! ¡Menuda bronca me iba a echar por ir hecho un adán!

 

ACTUALIZACIÓN:

Aquí se puede leer la entrevista que hoy he sacado en El Periódico de Aragón (y así de paso pruebo la opción que tienen de “agregrar noticias al blog”:

Vinton Cerf, vicepresidente de Google: “Espero que internet siga siendo un entorno abierto” ( El Periódico de Aragón - 30/05/2008 )

 

Ya hacía unos meses que me compré Todos sobre Zanzíbar, una novela de John Brunner considerada un clásico de la ciencia ficción. La encontré por ahí, de saldo, en una tienda de tebeos. Pero a pesar de que tenía mucho interés por leérmela, también me daba mucha pereza. Y ello se debía a tres razones:

  • 1.- es un libro tirando a voluminoso (en la edición que tengo, 420 páginas con un cuerpo 10 de letra, más o menos).
  • 2.- había leído por ahí que tenía una estructura muy compleja y muy fragmentada, y no estaba yo para muchas alegrías.
  • y 3.- resulta que es un libro que se publicó en 1968, que está ambientado en el 2010. Y ya se sabe que estas novelas de anticipación corren el riesgo de quedarse obsoletas y, lo que es peor, de sonar ridículas.

Bueno, pues ahora que ya me lo he leído, puedo rebatir todas esas pegas. Y también por orden:

  • 1.- efectivamente, es un libro gordo, pero se lee deprisa, porque está dividido en capítulos cortos, y no se hace nada pesado.
  • 2.- lo de que la trama es compleja… a mí eso me recuerda cuando a la gente le dio por adorar a Tarantino y Pulp Fiction, porque en vez de contar la historia linealmente, lo hacía a saltos. En este caso, yo he leído por ahí que Todos sobre Zanzíbar era “uno de los libros más complejos con los que te vas a encontrar” o algo así. Pero, o yo no me he enterado de algo, o a la gente se le hace cuesta arriba cualquier cosa. Ciertamente, la historia se va contando de forma fragmentada, muy al estilo de John Dos Passos y su Trilogía USA –esto también lo ha dicho mucha gente–, recogiendo trozos de informativos, anuncios publicitarios y demás textos heterogéneos, para darle contexto al asunto. Esto sucede sobre todo en la primera mitad de la novela, porque luego Brunner coge la directa y se centra mucho más en la historia de los dos protagonistas de la novela.
  • y 3.- Pues a pesar de que en Todos sobre Zanzíbar se elucubra sobre el año 2010 desde 1968, la novela se deja leer pero que muy bien en el 2008. Por supuesto, Brunner no acierta en todo, pero atina mucho. Como el resto de los autores de anticipación, no previó los teléfonos móviles, pero es casi el único desgarrón con la realidad actual. Tampoco supo profetizar el auge de los ordenadores: en Todos sobre Zanzíbar los hay (de hecho, un ordenador, Shalmaneser, podría considerarse un personaje muy importante del libro) pero no son ordenadores personales, sino al servicio de gobiernos y empresas.

Más inquietante es en lo que acierta Brunner: la Tierra del 2010 está hiperpoblada y sus recursos esquilmados. La legislación de muchos países regula el número de hijos que pueden tener las parejas, y no se consideran aptos para procrear quienes puedan tener una enfermedad genética. En las calles hay locriminales (sic), y en zonas de Estados Unidos operan comandos terroristas. Las grandes empresas tienen tanto poder como los gobiernos. Uno de esos gobiernos utiliza un proyecto de ingeniería genética para presionar al resto del mundo. Mediante técnicas de reeducación, se puede modificar drásticamente la conducta de una persona… Y entre todo ese guirigay, existe un pequeño país africano, Beninia, al que algunas de esas personas con poder vuelven los ojos.
La cuestión es que Todos sobre Zanzíbar es una novela muy buena –y eso que a mí me parece que al final se desinfla un poco–, y que merece ese calificativo de clásico de la ciencia ficción. Puede que al principio desconcierte un poco, tanto por la estructura como por el lenguaje –por cierto, la traducción no es de lo mejor que tiene–, pero luego engancha y hay momento que sorprende y fascina.
Además, a más de uno le habrá movido a mirar en el mapa, a ver dónde cae exactamente Zanzíbar.

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